lunes 30 de noviembre de 2020 - Edición Nº986
Editor Platense » La Región » 27 jul 2019

EL DRONE TERRESTRE

Barrio Aeropuerto, un rincón de Villa Elvira que nunca logró levantar vuelo

Como la gran mayoría de los barrios distantes del casco urbano, el populoso Barrio Aeropuerto se hunde en el olvido y la desidia gubernamental. De todas formas no bajan los brazos y la gran mayoría siguen apostando a que cambie su situación.


Por:
Mauricio Alejandro Bustos Crespi

“Estoy cansado, siempre ven mal al barrio. Siempre sale en los diarios y en la tele cuando algo malo pasa”, reclama ofuscado Guillermo, un cincuentón que vive en uno de los departamentos de los monoblock del Barrio Aeropuerto. “No te voy a decir que esta es una zona tranquila, que se duerme en paz, pero tampoco es para tanto”, continuó Guillermo, enojado porque asegura que su barrio aparece siempre en las crónicas rojas de los medios de comunicación, y no por otras cosas como las actividades que se realizan con los jóvenes en los clubes y centros de día del lugar.

Y en parte Guillermo tiene razón, ya que si se revisa el nombre Barrio Aeropuerto en las noticias del último mes, estuvo vinculado al atropello, fuga y posterior muerte de Joaquín Dos Santos, hace una semana atrás, a la detención y decomiso de plantas de cannabis a la abuela que las cultivaba para su nieto enfermo, a distintos allanamientos por drogas en una unidad básica, a robos en las instituciones escolares y una larga lista de etcétera.

Todas esas cuestiones que molestan a Guillermo, son producto de que su barrio no logra levantar vuelo desde hace mucho ya, y que se hunde en el olvido gubernamental como muchas zonas que quedan fuera del casco urbano.

Lorena es vecina del barrio Aeropuerto y su pedido, como el de la gran mayoría de los vecinos (incluso el de Guillermo), es que las autoridades realicen obras de asfalto, porque las calles son intransitables, debido a que las lluvias no logran escurrirse y dejan el suelo barroso durante semanas, lo que dificulta sus tareas de todos los días: “Esto más que aeropuerto es el puerto La Plata. Se necesitan lanchones para sacarnos de aquí si caen unas gotas”, dice Lorena, que convive con el barro permanente, las zanjas rebalsadas y tener que “zapatear y chapotear en el barro varias cuadras para poder conseguir un transporte público para ir al trabajo y llevar los hijos a la escuela.  “Aquí pedir una ambulancia ante una emergencia e incluso llamar un remis del mismo barrio, es algo imposible de lograr los días de lluvia y posteriores, ya que todos se niegan a entrar”.

Juana, otra de las vecinas de la zona, y con cinco hijos pequeños, reclama también por la inseguridad de caminar el barrio cuando cae el sol. “Por las noches, la falta de lámparas, hace que no se pueda salir de las casas”.

Al momento de recordar la inundación del 2013, tanto a Juana como a Lorena les recorre un escalofrío todo el cuerpo: “Fue de terror. Fue de lo peor que me pasó en la vida, y eso que ya estoy acostumbrada a que me entre el agua en la casa”, reconoce Lorena. Mi casa quedó abajo del agua junto con todas mis pocas cosas, Me entró un metro y medio de agua”.

Es que el barrio, de viviendas precarias, quedó en su mayoría destruido por el agua, desaparecieron casillas enteras y aseguran que hubo más desaparecidos de los que dio a conocer el relevamiento que hizo la justicia: “Es que aquí viven muchos extranjeros y muchos indocumentados. Somos personas que no existimos para las autoridades. Tengo varios vecinos que desde aquel día no se los vio más y nadie investigó nada”, asegura Juana, quien recordó que a su familia la rescataron vecinos y que fue atendida por médicos de la zona pero mucho después, cuando por “tele salieron las manifestaciones que se hacían en el barrio pidiendo auxilio”. “Acá llegó particularmente muchas donaciones de vecinos de Almirante Brown, que se enteraron de lo ocurrido y se organizaron para ayudarnos” comenta Lorena: “Ellos se organizaron y llegaron hasta el lugar para entregar en mano ropa, agua y lavandina”.

Aquella tormenta del 2013 quedó marcada en la memoria de todo el barrio, pero como dice Julio, un vecino de la zona de la cantera, “nos seguimos inundando cada vez que caen dos gotas, y cuando no sobra agua, falta y estamos semanas y semanas sin una gota que salga de las canillas. Somos una zona de desastre. La luz sirve para alumbra lo que ilumina una vela, debemos recurrir a las garrafas que son re caras, las cloacas faltan y donde no faltan desbordan… Cuando hace treinta años compré el terrenito acá para levantar mi casa, había otras expectativas. Hoy ya no me puedo mover de aquí, pero vivimos olvidados de todos”, culmina con un dejo de amargura y resignación-

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