domingo 09 de agosto de 2020 - Edición Nº873
Editor Platense » La Región » 24 jun 2019

FOTO PERIODISMO

¡Cuanto la extrañamos hoy!: las últimas fotos de la fábrica de velas platense

Lugar: Compañía General de Fósforos Sudamericana, calle 67 entre 1 y 115, de La Plata


Por:
Marcelo Giacobini

He transitado frente a ese enorme lugar infinidad de veces, tratando de imaginar en aquellas oportunidades, como seria por dentro, que misterios e historias contendría un lugar tan antiguo y misterioso.

Sabía que se trataba de otro escenario con historia, uno por demás significativo para mi querida Ciudad de La Plata, y que por ello esa imponente fábrica que fue cerrada y abandonada hace varios años, merecía todo mi esfuerzo para lograr una visita.

Fue así, que luego de varios intentos y considerando que valía  la  pena hacer el esfuerzo, asumí esa responsabilidad que sentía por preservar al menos en fotografías, aquello que seguramente en poco tiempo desaparecerá.

Para visitar un lugar abandonado, donde no se tiene la certeza de lo que se puede encontrar dentro hay que estar preparados, y no me refiero a nivel físico, sino a nivel emocional.

Por fin llego el tan ansiado día, y casi sin advertirlo me hallaba dentro de ese viejo edificio colmado de abandono y misterio, de oscuridad y silencio, de esos que nos apasiona explorar, de esos que necesitamos plasmar en fotografías para revelarlos luego a quienes no tuvieron la dicha de conocerlo.

Estoy dentro al fin, en las entrañas  de esa gran Fabrica de velas y fósforos, por momentos el fuerte aroma a cebo era el encargado de relatarme gran parte de la historia del lugar.

A medida que avanzaba por los pasillos y escaleras de las enormes instalaciones, mi capacidad de asombro crecía, ya que Junto a muchos otros objetos, una gran cantidad de maquinarias parecían demostrarme que el establecimiento aún funcionaba, que los años no habían pasado sobre su noble estructura, pero por otra parte, el desorden y la densa capa de polvo que cubría todos los recovecos me mostraba la otra cara. 

Pero ¿qué pasó entonces para que hoy esa magnífica construcción se encuentre moribunda? ¿Por qué al entrar sentí el frío intenso y la oscuridad más profunda, sabiendo que allí se tejieron miles de historias y que mucha gente que transitó por sus pasillos ya no los camina hace muchos años?

Las personas se fueron, pero todo sigue ahí, esperando otra oportunidad, manteniendo los aromas y luces de otros tiempos.

Para concluir debo decir que es mi deseo que estos muros no sean víctimas de otra demolición en aras del progreso, porque ellos también fueron progreso y merecen su respeto, ellos se encargaron de mantener el tiempo detenido por muchos años esperando quizás que el tiempo vuelva a correr.

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