jueves 22 de agosto de 2019 - Edición Nº520
Editor Platense » El Lobo y El Pincha » 13 abr 2019

ANÁLISIS

Gimnasia tuvo buenas intenciones, pero solo se quedó en eso. Después, terminó quejándose como producto de su propia impotencia

La expulsión de Ayala y el penal sancionado a Mussis en tiempo adicional generaron más "calentura" que la in-expresividad futbolística que mostró el equipo en el complemento


Por:
Mauricio Bustos

¿No le dio la nafta al Lobo? ¿Pitana le inclinó la cancha? ¿Newell´s fue un injusto vencedor? Todas preguntas que tienen respuestas tan subjetivas como los interrogantes. Lo cierto y contundente es que Gimnasia cayó por 1-0 en el Bosque en el primer chico y ahora deberá ir a Rosario el próximo domingo 21 de abril con la obligación del triunfo, algo que en los papeles aparece como mínimamente complicado siendo que este equipo solo consiguió ganar dos veces jugando de visitante en los últimos 24 meses.

El final del partido estuvo lleno de polémicas. La expulsión de Víctor Ayala (que jura y perjura que no tocó al rival en su barrida), las malas decisiones de los jugadores para salir jugando desde atrás cuando el propio equipo sentía que no podía controlar el balón, el tiempo adicional dado por Pitana, y el penal por mano de Mussis que provocó la protesta de todos los triperos.

Y justamente en esa acción final, con el remate exquisito desde los doce pasos de Maxi Rodríguez y la imposibilidad de Alexis Martín Arias de vestirse de “héroe”, estuvo la diferencia del partido.

Gimnasia debe aprender a aceptar sus errores. Dentro y fuera de la cancha. Debe dejar de quejarse por quejarse. Pitana no tuvo un buen arbitraje, pero se equivocó para los dos lados.  Si el argumento del Indio Ortíz, los jugadores y los socios e hinchas es que el tiempo adicional estaba cumplido, en primer lugar marcan un desconocimiento de la reglamentación, ya que el mismo es  el mínimo que estipula el árbitro (quiere decir que al menos se va a extender el juego por esa cantidad de minutos) y no que el silbato debe sonar al cumplirse el último segundo de ese tiempo estipulado. Por tanto, no fue ilegal lo que sucedió en la noche del viernes en el Bosque, aunque le haya quitado justicia al marcador.

En el primer tiempo Gimnasia fue más que su rival. Ese es el dato positivo que se puede llevar a su casa el hincha y el Indio Ortiz. Aunque a decir verdad, es muy poco para entusiasmar. El entrenador planteó un dibujo táctico distinto que le dio más tenencia de balón, le permitió a Víctor Ayala jugar su mejor partido desde que llegó al Lobo (lo irónico es que puede haber sido el de su despedida), mantuvo a la última línea sin demasiados sobresaltos, y le permitió a Gimnasia llegar con real peligro hasta la valla rival.

Pero si bien las intenciones fueron buenas y se buscó cambiar la imagen de “equipo que solo se limitaba a cuidar que no le hicieran un gol” que mostró en anteriores partidos, lo cierto es que también dio la sensación de que el entrenador “no tiene con qué” sostener esta idea con el plantel que cuenta. Porque otra vez frente al arco falló de continuo, no la empujó a la red -ni con el arco sin arquero-, y por tanto, todo lo que pudo construir fue en vano, ya que en fútbol las diferencias las marcan los goles.

La historia en el complemento fue otra diametralmente opuesta. La Lepra fue quien controló el juego, por momentos le impuso un toqueteo inexpresivo, pero toqueteo de pelota al fin, y ya las llegadas al arco rival no fueron tantas y la verdad es que el empate ya parecía un resultado lógico y hasta valorable por el 0-0 y el valor del gol de visitante en la definición.

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