domingo 26 de mayo de 2019 - Edición Nº432
Editor Platense » El Lobo y El Pincha » 11 mar 2019

EL ANÁLISIS TRIPERO

Sin Jesús en cancha, no hubo milagros. Burradas ajenas y propias lo terminaron sepultando


Por:
Mauricio Bustos

Burradas propias y ajenas terminaron determinando la derrota Tripera ayer en el clásico platense. El bochornoso arbitraje de Delfino condimentó un plato lleno de horrores que terminaron regalándole a Estudiantes un triunfo por el que futbolísticamente hizo muy poco para conseguir. El tercer factor para que el partido estuviera roto desde el mismo arranque fue el lamentable estado del campo de juego, que en determinados sectores hacía que adivinar el pique del balón fuera más cuestión de la fortuna que de calcular la trayectoria del mismo. En definitiva, el triunfo pincha fue justo, ya que se ajustó a lo que pasó dentro y fuera del campo de juego, pero no merecido.

El Indio Ortiz planificó el partido tratando de romper el mismo desde el mismo arranque. La vuelta al dibujo táctico de 4-4-2 hizo al Lobo un equipo previsible (demasiado por momentos) aunque no menos efectivo, ya que las limitaciones de! rival hicieron que el juego estuviera equilibrado e incluso fuera hasta más peligroso cerca del arco el Lobo que el Pincha. La idea era simple: pelotazo para Silva, para que pivotee, la aguante y buscara a Hurtado, que a pura potencia, se las ingeniaba para asustar (solo asustar), a la última línea local. El resto poco y nada, ya que atrás mostraba desacoples y en el medio era zona de poco tránsito.

Pero Delfino destrozó con fallos sesgados de parcialidad un partido que se había armado a pura hilacha, y ya no hubo vuelta atrás para un Lobo que se descontroló y terminó perdiendo el rumbo futbolístico que ya había comenzado a perder a partir de que Estudiantes había logrado neutralizar la simplona idea de juego que proponía la visita.


La expulsión de Faravelli, y del Indio Ortiz minutos después (sin sentido ambas), metieron a Gimnasia en un mar de nervios del que ya no salió más. Si venía fallando atrás, los yerros se multiplicaron. Piovi perdió siempre la marca de Albertengo cada vez que llegó una jugada de pelota parada al área, y así llegó el gol que lo dejaron al Lobo sin nada.

De todas formas quedaban 45 minutos para tratar de rearmar el partido, pero el Indio apostó el pleno a la pelota parada de Víctor Ayala y metió variantes que terminaron de limitar demasiado a Gimnasia. 

La salida de Hurtado no se entiende. Le restó potencia y punch al ataque tripero. El ingreso de movida de Tijanovich para reacomodar las piezas tras la expulsión, no fue solución, y poner a Melluso  cuando ya Silva era un autito chocador y al Lobo no se le caía ni una idea, parece haber sido al menos desacertado.

El Lobo no fue ayer el “Equipo de Jesús” y los milagros no se hicieron presentes. Otra vez quedó en evidencia que la dirigencia está menos que pintada, y que es la gran responsable de este presente desolador del equipo. Ojo, jugadores y cuerpo técnico también tiene su gran cuota de responsabilidad en la derrota, pero ayer el Lobo empezó a perder el partido en los escritorios.

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