viernes 23 de agosto de 2019 - Edición Nº521
Editor Platense » Espectáculos y Moda » 23 abr 2018

Mujeres a levantarse y a hacer malabarismo, pero a no dejar de reir


Por:
Lali, acompañando a la mujer

Esta semana mi columna no habla de cremas, piel, siluetas ni nada de eso que tenga que ver con la belleza. ¡No!. Habla de la vida cotidiana, de un día cualquiera de cualquiera de nosotras, de fastidios, corridas, bronquetas, pero que en el balance y cuando bajamos un cambio, termina causando gracia, un toque de humor. Ante cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

¿Cómo logramos las mujeres, cada día estar bonitas, trabajar en casa o fuera de ella, hacer las actividades e ir de acá para allá con nuestros hijos?. O sea, ser madre, esposa, empleada, ama de casa, deportista y hasta tener alguna otra tarea extra; pero además ser chofer de la familia para los que van y vienen todo el santo día. Y en medio de todo este trajín, conservar las formas, la belleza, salir peinadas y en ocasiones con el pelo planchado o al menos prolijo, maquilladas y lograr tener un guardaropa organizado para no salir en pijamas, baby dolls o pantuflas.

¿Parece loco o caótico no?, pero nos pasa a muchísimas mujeres. Imeginemos una situación de un día común, real o no, la verdad les aseguro que de real tiene mucho. Me ha pasado e incluso tengo amigas que lo viven a diario.

Amanecer temprano, muuuyyy temprano, preparadas para arrancar el día, dispuestas a salir a llevarnos el mundo por delante. Recién levantadas, con las caritas irreconocibles, nos disponemos a ir al toilette, un mágico lugar donde podemos encontrar cosméticos, la querida planchita, secador de pelo o buclera, cremas, etc, etc. Sin embargo, cuando llegamos, sólo encontramos una puerta cerrada y el cartel de ocupado. ¿Y ahora?, esperar...la hora nos empieza a comer...ponemos la pava para el mate, y con mucho optimismo volvemos a intentar ir al baño, pero de nuevo ocupado. ¡Ufa!. Las esperanzas de usar la planchita se esfuman y los pelos enloquecen. A pocos minutos de salir de casa, logramos entrar a nuestro mágico e íntimo lugarcito, e intentar usar alguna crema o peinarnos al menos; pero de afuera se escucha un gripo "es tarrrdeee, apuraaate", y la verdad, tienen razón...la voz puede provenir de un niño, adolescente o marido, todos sin la más pálida idea de lo que significa salir desarreglada para una mujer.

Entonces salimos, en muchos casos, en condiciones deplorables. Con frizz, sin corrector ni base, es decir con la carita irreconocible como cuando recién abrimos los ojitos. En medio de este caos intentamos tomar un mate, pero sólo vemos la pava con vapor saliendo tal la máquina de un tren de carga, nadie le prestó atención. En síntesis, salimos apuradas sin prepararnos la piel adecuadamente como con tanto empeño tratamos de explicar en notas anteriores (ver relacionadas más abajo). O sin respetar el tema de las siluetas y sus formas, tal como lo explicó la semana anterior la experta Aylén Negrelli.

Salir a trabajar o llevar a nuestros hijos al cole como se pueda, pues no queda otra. Si vamos en micro capaz que tenemos suerte que nos pare, un remís que llegue o que nuestro auto tenga nafta.

A la tarde, arrancan las actividades extras familiares: fútbol, baile, patín, canto, inglés, y la lista sigue. Si no tienen hijos, quizás requieran de nuestros servicio algún sobrino. Y si tienen más de una chico, poooor favorrr que no coincidan los horarios. En ese caso, les recomendaría una especie de clonación. Con un poco de viento a favor nos queda un toque de tiempo para el gym, o lo que nos guste hacer.

Uyyy Dios, ¿y si los chicos no concurren a la escuela de mañana?...ahí todo sería peor, claro, depende de la organización familiar, pero si los chicos están en el cole a la tarde los horarios meten mayor presión.

Se viene la nochecita y la pregunta en el grupo de WathsApp familiar es ¿que cenamos?. Es el momento en que de nuestro más profundo interior sale un chefs de primera y, haciendo malabares, nos organizamos como podemos para llevar lo mejor a la mesa entre marido, niños, sobrinos, hijos de amigas invitados, padres o algún otro pariente.

Con los platos, vasos y cubiertos para lavar, quizás nos relajemos un poquito, muy poquito, después de un día agitado en el cual salimos a llevarnos el mundo por delante, pero el mundo nos arrastró a nosotras. ¿Nunca les pasó que se relajan lo suficiente después de un día de caos y corridas, ya cerca las 0 hora de un nuevo y desafiante día, se acuerdan de un trabajo que tenían que entregar, o salta algún hijito con esa tierna vocesita pequeña o ya asolecente y nos dice, "ma, tengo que llevar para mañana un mapa, témperas, hojas, afiches..." y una lista de librería que no sabés si reirte o ponerte a llorar; ahí es cuando recalculamos y pensamos ¿librería las 24 hs, como las farmacias? ¿mañana nos levantamos tres horas antes?, o ¿le ponen un uno?. Amigas, un té de tilo y a la cama. Mañana será otro día, caótico o no, con niños o no, con maridos protestones o tranquilos, muy atareados deportivamente o no, con varias mascotas que se suman que requieren atención o no. De la forma que sea son situaciones de la vida cotidiana, en algunos casos más y en otras menos descontroladas. Según un dicho hay cosas peores ¿no?. Bien...mañana no se olviden de entrar al baño primeras y capaz el día se ordena mejor, así le hacemos frente a la vida que es tan bella como el corazón de la gente que le busca el lado positivo a las cosas.

Entonces, a no estrezarse que eso nos produce caída de pelo, nos opaca la piel y no hace resurgir nuestra luz interior.

Como siempre, les regalo una frase, esta vez de Charles Chaplin:

"UN DIA SIN REIR, ES UN DIA PERDIDO"

 

   

 

 

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