lunes 18 de marzo de 2019 - Edición Nº363
Editor Platense » Nacionales » 8 ene 2019

Las trampas de las reglas: Desdoblamiento si o no


Por:
Por Santiago Martorelli

El debate en torno a la posibilidad del desdoblamiento de las elecciones de la Provincia de Buenos Aires monopolizó la discusión política en nuestro país. Desde el fin del año pasado el gobierno provincial encabezado por María Eugenia Vidal ha ensayado una aproximación a este problema.

Este debate tomó impulso en las negociaciones previas al tratamiento de la Ley del Presupuesto Provincial 2019. Apareció entonces como un condicionante del acompañamiento a la Ley de Presupuesto. El planteo surgió del Frente Renovador. El carácter que pretendía darle Massa era generar la posibilidad de desdoblar las elecciones municipales de las provinciales. El objetivo era emancipar a los intendentes del Conurbano del arrastre provincial y nacional que condiciona alineamientos y simpatías.

María Eugenia Vidal no sólo tomó el guante si no que redobló la apuesta. Enmascaró en una concesión una decisión política. Con la conciencia de que los traspiés de la política económica que lidera su espacio y las serias dificultades que se le plantean en la gestión provincial podían llevarla a un desastre electoral.

En primer lugar, la posibilidad del desdoblamiento fortalece la posición del Cambiemos bonaerense sintetizado en su figura, frente al abollado Cambiemos nacional sintetizado en la figura vacacionante de Macri. Esto sin duda mejora las chances de la negociación. Esta nueva correlación de fuerzas se expresa también en el silencio que mantiene el gobierno nacional frente a la acitud desafiante de Vidal.

En segundo lugar, impide que la oposición, y particularmente el peronismo, trabaje con una idea de plazos a octubre y el cronograma electoral que se desprende de esa fecha. Los planes se debilitan, los tiempos se adelantan o pueden hacerlo. El terreno se vuelve más inestable.

En tercer lugar, permite un despegue sutil, pero perceptible, de la figura de Macri que viene concentrando los costos del desastre económico para nuestro país y para la Provincia de Buenos Aires uno de los territorios más afectados, basta mirar las cifras del deterioro social que tienen su pico más dramático en el Conurbano bonaerense.

Estos objetivos primarios Vidal los consigue solo con la discusión. Pero esto no sería determinante para erradicar la posibilidad de una derrota en el principal distrito electoral del país.

Fragmentar la política para fragmentar el peronismo

El tratamiento del desdoblamiento de las elecciones tiene en sus causas  un planteo más dinámico y profundo. Veamos.

Cambiemos y sus figuras principales son subsidiarias de la crisis de la política y el surgimiento de respuestas a esta crisis bajo la forma de la anti política. Se construyen canales que aparecen como espacios donde la política no circula tradicionalmente como soporte de figuras “nuevas” con valores opuestos a los de la política tradicional. Los nuevos canales son naturalmente las redes sociales y los medios de comunicación masivos, con toda su programación al servicio de la construcción de esta idea, no solo los programas políticos.

La consecuencia de esto es la dispersión del debate y la fragmentación de las identidades que aparece como síntoma y se transforma en plan.

Por lo tanto el objetivo de un gobierno que ve como enemigo al peronismo y al campo nacional es: profundizar la fragmentación de la política.

La fragmentación del sistema electoral conduce irremediablemente a la fragmentación de la política. Y la fragmentación de la política arrastra en su suerte a las estructuras políticas.

Y si hay algo que los peronistas tenemos claro es que el peronismo es una fuerza nacional. Que organiza su vocación transformadora desde la defensa primera de los intereses nacionales. Que transformó los derechos esenciales en derechos que deben ser garantizados por el Estado Nacional, más allá de la idiosincrasia provincial -y los zarpazos que el liberalismo le dio a la educación y a la salud en los 90 y en los últimos años-.  Que no existe posibilidad de construir una provincia peronista en un país liberal.

El plan de fragmentación de la política y del peronismo -que hoy representa el enemigo político de la anti política- no se reduce entonces a que se presenten en las elecciones generales nacionales y provinciales más de una expresión política del peronismo. Es decir que el peronismo vaya dividido; si no también el objetivo es reducirlo a expresiones provinciales que jueguen su suerte electoral desprendida de las elecciones nacionales.

Ballotage: la fuerza de las minorías

El dilema que recorrió cualquier esfuerzo de construcción de una fuerza político electoral de la oligarquía, ahora expresada en Cambiemos, es como puede construir una mayoría electoral siendo una fuerza política que expresa los intereses de una minoría.

La reforma constitucional de 1994 a instancias del Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín impuso el ballotage para las elecciones nacionales.

Allí en esa decisión apareció también la condición de posibilidad de Cambiemos.

Esta herramienta, el ballotage, le permitió a Cambiemos ir construyendo como capas de cebollas la adhesión de otras fuerzas políticas, dispuestas a alentar desde su anti peronismo una alternativa de estas características. Y por supuesto la contundente, efectiva y sostenida concurrencia de los medios de comunicación para alimentar esa idea.

Tres elecciones engrosaron paulatinamente la adhesión a un frente antiperonista, alimentado por las dificultades de la campaña propia y nuestros errores. Las PASO del 9 de agosto, las generales del 25 de octubre y el ballotage del 22 de noviembre.

  • PASO: Daniel Scioli del Frente para la Victoria (38,69 %) y Mauricio Macri de Cambiemos (28,57 %). Se presentaron 11 frentes electorales.
  • Generales: Daniel Scioli del Frente para la Victoria (37,08 %) y Mauricio Macri de Cambiemos (34,15 %). Se presentaron 6 frentes electorales que habían logrado el 1,5% necesario.
  • Ballotage: Daniel Scioli del Frente para la Victoria (48,66 %) y Mauricio Macri de Cambiemos (51,34%). Naturalmente, solo 2.

De más está decir que el escenario electoral que se proyecta al 2019 anticipa una reñida disputa entre las dos fuerzas que ingresen al ballotage, posiblemente el Peronismo y Cambiemos.

Así como el ballotage le daría a Cambiemos la condición de posibilidad de disputar la elección presidencial con alguna chance, esta posibilidad en la provincia no existe.

Las reglas y las trampas

Hay diversas formas de ganar elecciones y sobre todo cuando se presentan escenarios reñidos, cerrados.

Una es sumando más voluntades, convenciendo a los electores, polarizando, haciendo uso de los medios de comunicación, haciendo que la justicia profundice la injustica en la acción y la omisión. Y si eso no basta.

Hay otra manera, cambiemos las reglas. Como queda dicho ya no basta la fragmentación del peronismo tal como se manifestó en el 2015 y en el 2017, hay que profundizarla. El cambio de reglas que plantea Cambiemos pretende profundizar la fragmentación del peronismo.

Cambiar las reglas está mal. Imaginemos, todos nosotros nos preparamos para jugar un partido de fútbol. Entrenamos para eso, buscamos jugadores en cada una de las posiciones, buscamos un técnico y un preparador físico que entienda de futbol, pensamos una cancha con un arco en cada extremo y uno de nosotros lleva guantes y una camiseta de otro color; esperamos ver tres árbitros, o cuatro que tendrán cada uno sus funciones.

Pero uno del otro equipo se acerca al vestuario unos momentos antes de jugar el partido para decirnos que vamos a cambiar las reglas porque el público lo pide (¿?). Que se trata ahora de un deporte distinto con 15 jugadores, una pelota ovalada, arcos con palos prominentes que parecen una H, y el contacto físico está permitido con determinadas condiciones.

Esa decisión propuesta por uno de los equipos es sin duda porque pretende sacar provecho de esa situación.

Alguien podría decir que aún la Constitución plantea el mecanismo para cambiar esas reglas. Y es cierto, pero no se trata aquí de analizar la legalidad que otorgue a la norma la constitución, si no la legitimidad que construye la política. Forzar las reglas lesiona la legitimidad.

Recién comienza la discusión. No está dicha la última palabra. El peronismo tiene todavía la capacidad de construir una respuesta uniforme al planteo de provincializar y fragmentar la política. Articular una respuesta unificada frente a estos intentos.

Pero sobre todo tenemos la responsabilidad de recuperar el Estado para reconstruir el país y cada una de las provincias, remontar las consecuencias sociales y económicas que dejo el Gobierno de Macri y Vidal.

La estrategia para garantizar el triunfo y recuperar el Estado es la unidad frente al planteo de fragmentar el peronismo. Una unidad que le esquive a las limitaciones que nos debilitaron. Fortalecernos a partir de las diferencias y los matices que tiene nuestro movimiento en el que las contradicciones no paralizan, nos revitalizan.

Y las contradicciones que fortalecen son las que se saldan con debate y primarias. Este es el pegamento de la Unidad.

Hay que encontrar los mecanismos para construir una estrategia de poder, que seguramente no son los de los últimos años de la historia de nuestro movimiento. De nuestro Movimiento Nacional.

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