sábado 22 de febrero de 2020 - Edición Nº704
Editor Platense » Clubes y deportes » 12 dic 2018

Cuando Madrid se vistió de Buenos Aires por 120 minutos

Por unas horas, Madrid se convirtió en la capital de los argentinos. Nuestro corresponsal europeo, radicado allí, nos cuenta cómo se vivieron los días previos y la jornada del partido, de lo que fue, para muchos, la Gran Final de los todos los tiempos.


Por:
Nicolás Cocchiararo

¿Como es Madrid? “Madrid es como Buenos Aires, pero ordenada”. Quizás ésa sea la respuesta que más repiten los argentinos que la han visitado. Su arquitectura, la calidez de la gente o las noches interminables de lunes a domingos, la hacen muy similar.

Coincidencia o no, Madrid fue elegida para albergar el partido más importante de la historia del fútbol sudamericano, entre Boca y River, tras el fatídico 24 de noviembre.

Desde que se confirmó la noticia, los canales de TV española mostraban una y otra vez las imágenes de la llegada de Boca al Monumental, por la cual se terminó cambiando de sede, y ya hablaban de que la ciudad estaría sitiada por la seguridad, tanto los días previos como el mismo domingo. Y así fue.

Madrid, en las 48 horas previas, tuvo que acoger a los miles de hinchas Millonarios y Xeneizes que llegaron de todas partes del mundo y fue testigo de los dos banderazos típicos que se  realizan previos a un Superclásico. Todo eso justo en el marco del feriado por el Día de la Constitución, cuando los madrileños, lejos de quedarse en sus casas, salieron a disfrutar la jornada no laborable.

 

REPÚBLICA ARGENTINA

Ya el día de la gran Final, la sensación camino al estadio, en el Metro, era que uno se encontraba en un lugar turístico, y no en la contienda de un partido tan significativo. Pero otro guiño del destino te ubicaba en tiempo y espacio hacia dónde estabas por llegar: la estación anterior a Nuevos Ministerios, la entrada del Fondo Sur del Santiago Bernabéu, era nada más y nada menos que República Argentina.

Al salir de la boca del subterráneo la impresión era totalmente distinta: el Paseo de la Castellana se había transformado, por un momento, en suelo argentino. Era como si se estuviese caminando por la avenida Almirante Brown a escasos metros de la Bombonera, o por qué no por Figueroa Alcorta, camino al Monumental.

Camiones hidrantes y cientos de policías de la Guardia Civil le agregaban un condimento más a la caravana de hinchas que cantaba y esperaba por el ingreso al Estadio. A 150 metros había un primer control de entradas con los agentes de seguridad privada: los hinchas debían mostrar el celular con el ticket electrónico y pasaban al cacheo policial.

A partir de ahí, había libertad para moverse en las inmediaciones del Bernabéu para comprar una bufanda de recuerdo del partido a 10€, saciar la sed tomándose una caña de cerveza por 3,50€ en algún bar madridista, o por qué no mitigar el hambre también comiendo un choripán a 4€ en el Almacén Argentino, frente al Estadio.

Una vez dentro, después de escanear con el celular la entrada, las escaleras mecánicas del Bernabéu llevaban hacia la parte alta, donde ya deslumbraba semejante estructura de cinco pisos. La Mona Giménez, Fito Páez, los Fabulosos Cadillacs, Néstor en Bloque y Callejeros sonando en los altos parlantes le daban un marco aún más espectacular al duelo de hinchadas entre Millonarios y Xeneizes, quienes ya iban calentando el ambiente en la entrada en calor de los equipos.

Luego, la voz del estadio comenzó con la cuenta regresiva para que saltaran los protagonistas al campo de juego y así escuchar las estrofas del himno nacional. Era todo soñado, como si se tratara de un partido del Mundial de Rusia 2018. Por unos segundos, las 62.500 personas se unieron para dar inicio a la tan esperada Final.

Después, la historia que todos ya conocemos, esa que quedará en la memoria y se escribirá en libros. Benedetto adelantando a Boca en el marcador; Pratto poniéndole más suspenso con el empate llevando la Final a la prórroga, y por último, los dos tiros de gracia de Quintero y Martínez para que River se alzara con su cuarta Copa Libertadores. Esa que tanto se hizo esperar y se terminó jugando a 10.000 km de donde tuvo que haberse disputado. Pero fue en Madrid, esa que tanto se parece a Buenos Aires y que por 120 minutos lo fue en todo su esplendor.

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