sábado 19 de enero de 2019 - Edición Nº305
Editor Platense » Nacionales » 11 dic 2018

Se viene la Audiencia 15 del juicio por crímenes de Lessa Humanidad contra los integrantes de la Brigada de Investigaciones de San Justo

Este miércoles 12 de diciembre se llevará a cabo una nueva audiencia desde las 10 horas en el Tribunal Federal. El la anterior audiencia continuó el debate con los testimonios de dos ex detenidas y una compañera de colegio de uno de los desaparecidos de la UES zona oeste. La brutalidad de la acción genocida y la ajustada coordinación represiva van quedando cada vez más al descubierto en el debate.


Por:
Daniel Loy
Tras 2 horas y media de demora de los jueces del Tribunal Oral 1 de La Plata para dar inicio a lo pautado, la audiencia comenzó con el testimonio de ZORAIDA MARTÍN, ex detenida desaparecida en 3 CCD de la zona oeste y hermana de Adriana, ex detenida de la Brigada de San Justo y caso en este juicio.
Zoraida comenzó afirmando que habla como sobreviviente del Terrorismo de Estado en el circuito represivo de zona oeste. La casa familiar en Villa Udaondo, en Morón -hoy Ituzaingó-,  fue allanada el 16 de diciembre de 1976 por un operativo de la Fuerza Aérea. En aquella oportunidad  la buscaban a ella, militante secundaria de 16 años,  pero no se encontraba puesto que estaba en una reunión política. Entonces se llevaron a su hermana Adriana, de 14 años, que fue llevada a la Comisaría 3ra de Castelar por 2 meses.
A raíz de esa situación, Zoraida se refugió en Godoy Cruz, Mendoza, donde igualmente fue secuestrada en enero de 1977 y traída e avión desde El Plumerillo a la Base Aérea del Palomar, luego a la 3ra de Castelar, donde pudo saber que estaba su hermana, y finalmente a Mansión Seré. Fue liberada en 28 de diciembre del ’77 en un basural en la localidad de Bancalari, cerca del río Reconquista y el camino del Buen Ayre.
El 29 de septiembre del ’77 Adriana fue nuevamente secuestrada de la casa de sus padres y estuvo 4 meses desaparecida en la Brigada de San Justo y pudo reconocer a muchos de sus compañeros de la UES en el cautiverio.  Zoraida relató que cuando fue liberada su hermana “estaba transparente, pelada, sin dientes, no podía caminar sin ayuda, fue algo terrible. Nos decía balbuceando que quería ir a avisar a la casa de los compañeros”. Pese a lo lamentable del momento, cuando Adriana se recuperó pudieron ir a la casa de las familias Von Schmeling, Moglie y Fernández a contar que había visto a sus hijos en San Justo.
Sobre Juan Alejandro Fernández recordó que después del primer secuestro de su hermana “Juancito pasaba por mi casa para ver qué necesitaban mi madre y mis hermanos más chicos. Era oficial montonero y sabía que no podía ni pisar. Rescato su solidaridad como militante”.
La casa de la familia Martín era el lugar de muchas reuniones del grupo de militantes secundarios de la UES zona oeste. Esa casa sufrió 13 allanamientos: con ello vivieron los secuestros y torturas de las dos hijas, del padre Manuel y secuelas en los hermanos Sergio y Gustavo. De hecho tanto Zoraida como Adriana afirmaron que posterior a su liberación vivieron vigiladas bajo órbita de aquella fuerza.
El padre de las militantes, Manuel Martín, fue secuestrado un mes después que Adriana y liberado a fines del ’77. Pese a las secuelas físicas que le dejó la tortura les pudo transmitir que presenció el castigo hasta la muerte que sufrió Herman Von Schmeling, con quien compartió la celda.  A su vez, Adriana vivió los últimos momentos con vida de Rubén Cabral, compañero de Zoraida y militante montonero apodado “Guli”, que había sido secuestrado en septiembre del ’77 y es caso en este juicio. “Yo estaba comprometida con él”, dijo Zoraida, “yo pensaba casarme y tener hijos, pero arruinaron mi proyecto de vida. Mi hermana me contó que a Rubén lo picanearon tanto que no iba a sobrevivir, estaba podrido por la picana”. Al recordar a su compañero dijo que “era ingeniero de sistemas, un genio, una persona con mucha paciencia. Lo habían mandado de la columna norte de Montoneros a la oeste y tuvo que empezar de cero, hacía pastones y actividades en la sociedad de fomento”. Finalmente afirmó que Adriana “me dijo también que en San Justo tomaban lista a los detenidos y en un momento no lo mencionaron más. A Mansión Seré lo llevaron en octubre del ’77 sólo para cerrar el círculo”.
Zoraida contó que al momento en que empezó la represión fuerte ella hacía 4 años que militaba en la UES y era parte de la “territorial” de Montoneros. “Los pibes de la UES eran compañeros míos”, dijo, y agregó que “el ‘Indio’ Aibar, ‘Polenta’ Perez  y ‘Chelo’ Moglie estaban conmigo en la ‘territorial’, habían ascendido en sus responsabilidades”. También reseñó la matanza de por lo menos 6 de esos compañeros secuestrados en San Justo que le relató su hermana: “a Sonia y a mi hermana las sacaron juntas. Los llevaron a todo el grupo a un basural y los fusilaron”.En el testimonio ya brindado en el debate, Adriana había ubicado esa matanza el 28 de diciembre del ’77, y describió que a todo el grupo de jóvenes los sacaron tabicados en distintos autos, tras un largo trayecto los bajan y escucha “¡arrodilláte!”, seguido de ráfagas de disparos a su lado. Luego corridas y gritos y la orden “¡súbanlos!”. A ella le gatillaron 3 o 4 veces en la cabeza, se desmayó y luego despertó nuevamente en la celda de la Brigada.
Zoraida también relató la reducción a la servidumbre, las violaciones sexuales sufridas por ella y su hermana en cautiverio y las secuelas que les dejaron: “para nosotros los militantes políticos era un quiebre en la psiquis, algo que no se puede tolerar. También hubo violaciones en la 3ra de Castelar. Mi hermana fue violada con la introducción de picana en la vagina, le destruyeron una de las trompas y tuvo que hacer tratamiento muchos años. Tuvo un embarazo psicológico. La Fuerza Aérea ya violaba como parte de la tortura”, señaló.
Sobre el lugar en que fue liberada, el basural de relleno de Bancalari, agregó que era habitual que allí aparecieran cuerpos de personas secuestradas, que ahí se fraguaban enfrentamientos y que hace algunos años pudo reconocer el lugar con el Equipo Argentino de Antropología Forense. Lo describió como un triángulo operacional entre el Batallón 601 del Ejército, la Fuerza Aérea y la Regional de Inteligencia de la Policía bonaerense (RIBA).
Sobre la coordinación represiva en la zona Zoraida recordó la existencia de la denominada “Orden Provincia 2/76”, del Comando de Operaciones Aéreas, que implicó el accionar autónomo de la Fuerza Aérea como mando operacional para el exterminio en la zona oeste.
Con este testimonio Zoraida Martín participó en 4 juicios orales, aportó a la condena de algunos de los verdugos de la zona oeste. “Parte de mi vida está en este juicio por la Brigada de San Justo”, concluyó.
 
A continuación se escuchó el relato deIRMA GREUS, cuñada del militante montonero Herman Von Schmeling y tía de la estudiante secundaria Sonia Von Schmeling, ambos desaparecidos y caso en este debate. La testigo relató la coordinación evidente que hubo en los secuestros de sus familiares y el cautiverio que sufrió ella, su padre, su madre y su tío como parte de la persecución a la familia.
En principio destacó que la noche anterior al secuestro de Sonia, ocurrida el 28 de septiembre del ’77, ella estaba estudiando en su casa cuando llegó un operativo de gente armada que dijo que buscaba a Herman, padre de la joven de 16 años. Herman había vivido con su familia cerca del domicilio de Irma, pero luego de haber sufrido una primera detención y torturas en la 3ra de Castelar en octubre del ’76 se había mudado a otra casa en Olivos. Greus desconocía la dirección y debió sufrir la presencia del grupo operativo mientras buscaba la dirección en sus anotadores. Cuando la encontró proporcionó el dato y los represores se comunicaron entre ellos para pasarlo. Pero no se fueron, se quedaron una hora más y recién se retiraron la madrugada del 28 de septiembre.  Entonces Greus se comunicó con la casa de su hermana y Herman, que le dijeron que habían secuestrado a Sonia, diciendo que la llevaban solo por “unas averiguaciones”. Tras esto, Irma acompañó a su cuñado a realizar gestiones ante la iglesia y el Ejército por el paradero de Sonia. Pero nunca tuvieron respuesta. Sólo una vecina, llamada Marta Moyano, dijo a la familia que tenía contactos, no acaró en qué fuerza, los hizo ilusionar con llevarle algunas cosas a la joven en su lugar de detención y hasta trajo una supuesta nota de Sonia diciendo “mamá, estoy bien”. Al reconfirmar este dato sobre esta vecina, que ya había sido aportado por Herman Von Schmeling hijo en su testimonio, la fiscalía pidió al tribunal que se cite a declarar a esa persona.
Tras esto, el 15 de noviembre del ’77 fue secuestrado Herman Von Schmeling padre cuando iba de su casa al trabajo. Entonces la noche del 16 de noviembre Irma se fue a acompañar a su hermana en Olivos, que había quedado sola con sus otros hijos, incluida una bebé recién nacida. Pero debía cumplir con su trabajo en la empresa Massalin & Celasco, subsidiaria de la Philip Morris en Villa del Parque, Capital Federal. La mañana del 17 de noviembre, luego de llegar tarde al trabajo recibió una curiosa llamada de su hermana preguntando si estaba bien. Su hermana le contó que la había llamado su madre, que no tenía teléfono en la casa, que tenía una voz rara, y que cuando le preguntó qué le pasaba cortó. Entonces Irma decidió volver a su casa y allí el portero le informó que la buscaban. Así tuvo que enfrentar a 2 tipos de civil con bigotes y armados que la encapucharon y la trasladaron en un Jeep verde militar a lo que, dan todos los indicios, sería la Brigada de San Justo: 45 minutos de viaje, un ingreso con portón, una sala en planta baja con escalón, luego un piso liso, una escalera con curva y finalmente una sala en primer piso con escritorio. Allí fue interrogada encapuchada y sentada en una silla con apoyabrazos, con preguntas sobre su casa, su familia y su trabajo. Además le dijeron que a Herman y a Sonia los iban a “trasladar”. Luego uno dijo “esta no sabe nada”. Entonces la bajaron, la volvieron a subir al Jeep y la dejaron en Avenida Rivadavia al 17.000 diciendo “tuviste suerte, esto no pasa con nadie”. Entonces develó el curioso llamado de su madre a su hermana: cuando volvió a su casa se enteró que la noche del 16 de noviembre los represores habían ido a casa de su madre preguntando por ella, y como no estaba se habían llevado a su madre, su padre y su tío político a un lugar donde fueron maltratados e interrogados, que también da todas las características de la Brigada. A la madre le dijeron que a Herman lo tenían “medio muerto de la paliza que le dimos”, y la hicieron subir una escalera hasta una habitación donde la obligaron a llamar por teléfono con un arma en la sien. Luego, siempre la mañana del 17 de noviembre, llevaron al tío secuestrado a marcar a Irma al ingreso del trabajo, cosa que no pudo hacer porque ella ese día llegó tarde. Por ese episodio, que fue interpretado como falta de colaboración, el tío sufrió torturas con picana eléctrica ya de vuelta en el lugar de confinamiento. Luego los padres y el tío fueron liberados.
Irma Greus aportó tres datos más sobre el lugar en que estuvo ella y el grupo de su padre, madre y tío. Dijo que en el año ’78 conoció a la sobreviviente Adriana Martín y le contó que había estado con Sonia y “Chelo” Moglie en la misma celda de San Justo. Además afirmó que su madre le comentó que en el lugar de detención parecía estar contiguo a una escuela, porque se escuchaba la rutina del recreo alternado con silencios de clase. Sumó que fue una vez con su sobrino, Herman hijo, a la Brigada de San Justo y vio que daban todas las características de lo que ella recordaba, pero que no podía tener total certeza porque siempre estuvo encapuchada. Además vio unos buzones ciegos que tenían agujero tipo mirilla de observación, y recordó que Martín le había dicho que Sonia había visto pasar a su abuela detenida por el pasillo de San Justo, la reconoció, se puso muy mal y dijo “¡Por qué a mi abuela también!”.
La testigo pidió condenas ejemplares para los imputados en el debate y los comparó con los nazis: “Pido que se haga justicia por lo que hemos vivido. Que si hay responsables, que esté presos. Mi hermana murió hace 6 años. Arruinaron la vida de toda mi familia. Nos quitaron la vida de dos personas, pero nos quitaron años de vida a toda la familia”, concluyó.
 
El último testimonio de la jornada fue el deMABEL CUADRADO, ex integrante de la UES zona oeste y compañera de curso del militante secundario desaparecido Juan Alejandro Fernández. La testigo contó que ingresó al colegio San Francisco Solano de Ituzaingó en 2º año, y que para 4º, en 1976, se activó la elección de delegados y la formación de la UES en el colegio. Los compañeros la aclamaron a ella, y en la votación fue electa delegada y Juan Alejandro Fernández subdelegado. “Juan me explicó el rol del delegado. Él llevaba la voz cantante. Tenía volantes y los repartía. No se relacionaba mucho, era muy callado” refirió. También contó que como iban al colegio de mañana las reuniones políticas se hacían a la tarde en un bar a la vuelta de la institución. La testigo dijo que su padre, Marcos Cuadrado, era personal civil de la Fuerza Aérea, trabajaba como electricista, y no le permitía tener actividades políticas. Sin embargo ella iba a algunas reuniones a escondidas. “Juan iba a las reuniones políticas de la UES en Capital Federal y traía los informe”, dijo. Un día que ubica como de octubre del ’76 Mabel llegó tarde, se metió al bar y cuando salió vio dos autos y unos tipos golpeando al grupo de la UES. A Juan lo habían metido dentro del auto para secuestrarlo. Mabel se metió en el forcejeo. La agarraron de los pelos para subirla al auto y pudo ver que algunos de los atacantes usaban borceguíes. Entonces un vecino que tenía una inmobiliaria realizó un disparo al aire, Juan aprovechó para zafarse y bajar del auto, y los represores escaparon del lugar. Ese día no entraron a la escuela y Mabel ocultó lo sucedido en su casa. Pensaba que se trataba de un hecho común. “Al día siguiente pusieron una bomba en la inmobiliaria, se rompieron los vidrios de la escuela y murió la señora y el hijo del dueño”, dijo Cuadrado. Ese mismo día su padre llegó antes del trabajo y le dio una paliza mientras gritaba “antes que la maten ellos la mato yo”. Entonces los padres decidieron llevarla escondida a Córdoba por el resto del año. “Viví con mucha soledad y odio a mis padres. Pensé que me estaban castigando por una mentira de juventud, pero en realidad me estaban protegiendo”, señaló. Ya en el verano del ’77 los padres la hicieron rendir las materias libres y pasó de año. Continuaba relacionada con los chicos de la UES pero en mucha menor medida. Después comenzaron a hacer tareas comunitarias, como limpiar vidrios de autos y cortar el pasto, para juntar dinero para el viaje de egresados a Córdoba. “Juan no iba mucho porque tenía muchas reuniones políticas”. Antes del viaje de egresados iban a hacer una excursión por el día del estudiante del año ’77. Estando todo listo notaron que Juan no llegaba y el colectivo se retrasó. Entonces vieron que llegó la madre de Juan y avisó al colegio que sus dos hijos Juan Alejandro y Jorge Luis habían sido secuestrados.
La testigo recordó además que a comienzos del ’77 Juan le había pedido que ella se concentrara en la militancia de la UES porque él se iba a hacer tareas con un grupo cristiano. En realidad, como contaron sus hermanos José Gabriel y Marcela en la cuarta audiencia de este juicio, la familia lo estaba enviando en salvoconducto con un grupo juvenil de una parroquia de Moreno e iba a viajar a fines del ’77 para realizar tareas sociales. No llegó porque fue secuestrado junto a su hermano. Estaban preparando la celebración estudiantil de la primavera, y la noche del 19 de septiembre de 1977 un grupo de personas armadas irrumpió en la casa familiar de Castelar en el entonces partido de Morón, hoy Ituzaingó. La patota entró con violencia y preguntando por “Rulo Ramírez”, que en realidad era Enrique Rodríguez Ramírez (para sus compañeros “Pluma”) otro militante de la UES secuestrado esa noche y desaparecido. De hecho, en lo que podría calificarse como “la otra Noche de los Lápices”, entre el 16 y el 29 de septiembre del ’77 fueron secuestrados los hermanos Fernández, Alejandro Aibar, Marcelo “Chelo” Moglie, Enrique “Pluma” Rodríguez Ramírez, Ricardo “Polenta” Pérez, Adriana Cristina Martín y Sonia Von Schmeling, entre otros. La mayoría de los integrantes de ese grupo fueron sacados de la Brigada de San Justo y asesinados como detallaron las hermanas Martín en el debate. Estos relatos habilitan la posibilidad de ampliar la acusación sobre los represores imputados por los homicidios de estas víctimas, ya que hoy sólo se contemplan los secuestros y torturas sufridas por ellos sufridas.

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