domingo 16 de diciembre de 2018 - Edición Nº271
Editor Platense » Salud y Jubilados » 10 oct 2018

Revalorización del adulto mayor en el Mercosur


Por:
Dr. Vicente Tedeschi (*)

En el transcurso de los últimos 50 años ha tenido lugar aquí en los países del Mercosur como en toda América Latina una verdadera revolución en el campo de la Gerontología, y de las prestaciones para la vejez. Idéntica revolución se ha producido en el mundo entero, que se observa en el crecimiento inusitado en el número y en la calidad de los científicos y los profesionales interesados en la Gerontología, en las investigaciones realizadas y en la preocupación para establecer políticas y legislaciones referidas a la vejez.

Envejecimiento y ser viejo es un tema de importancia tanto personal como social. Cuando llega el momento, cada uno de nosotros se encuentra profundamente comprometido con los diferentes aspectos de su propio envejecimiento. También llega un punto en que cada sociedad organizada se preocupa por el envejecimiento de su población. Es cuando el Estado y la Sociedad deben tomar serias decisiones en relación al bienestar económico y social de sus adultos mayores.

En los últimos años los ancianos se habían convertido en los pioneros inconscientes de las fronteras del cambio social y tecnológico. Sobre ellos, en cierta manera, la sociedad experimentaba acerca de cómo resolver los problemas que presenta la vida prolongada. La formulación de políticas sociales “tentativas” que no cuentan con un marco legal apropiado, la enunciación de principios asistenciales básicos sin la transformación institucional a las necesidades de la época, la formulación de propuestas económicas sin considerar los recursos existentes, las propuestas de integración sin considerar la discriminación social del anciano (Edadismo) directa o indirectamente causada por las leyes actuales, la aplicación de medidas paliativas sin el conocimiento de la realidad en la que viven los adultos mayores, el nombramiento de autoridades nacionales, provinciales o municipales sin los conocimientos apropiados para ejercer su función y rodeados de inexpertos asesores políticos con escaso presupuesto invertido en aparatosos programas que no brindaban soluciones a los problemas de nuestros mayores, la presentación de proyectos de ley para los adultos mayores que desencadenaban controversias inútiles y prolongadas que obligaban a “cajonearlos”, la enunciación de proyectos faraónicos sin la participación de los propios interesados, nuestros adultos mayores, la formación de técnicos y profesionales en gerontología sin el aval científico para su formación y alejados de la realidad actual de los países del Mercosur como de toda América Latina.

Se afirma que, a escala mundial, el siglo XX ha sido de crecimiento para la población y que el siglo XXI será el de su envejecimiento. La era moderna se caracteriza no tanto por el aumento en el límite superior de la duración de la vida humana sino por un aumento en la proporción y el número de quiénes viven para acercarse a ese límite.

Ante esta realidad, la sociedad y las instituciones rectoras se enfrentan a la revolución de los servicios sociales; reto que impone la situación actual para mejorar la calidad de vida de este segmento poblacional en el planeta, con una concepción de integralidad y universalidad para el diseño armónico de las estrategias en el orden político, económico y social.

No está claro todavía el orden de importancia de las causas del envejecimiento demográfico no obstante, la disminución de la natalidad y la fecundidad es con mucho, la causa más importante; mientras que la disminución de la mortalidad aparece como un factor de envejecimiento o no, en dependencia de cuál es el grupo de edades donde se produce esta disminución. Las migraciones son el tercer factor que influye: los flujos migratorios tanto internos como externos pueden llevar a aumentar las proporciones de ancianos en una población determinada. Se ha planteado que demográficamente, las poblaciones tienen sólo 2 alternativas, crecer o envejecer; este axioma a pesar de su veracidad, debe ser considerado con cautela sobre todo en el mundo moderno, porque a pesar de que la gran mayoría de los países envejece, existe todavía un crecimiento considerable de la población sobre todo en los países en desarrollo. No obstante, los esfuerzos sostenidos por el control del crecimiento de la población, traen como consecuencia directa su envejecimiento.

Los ancianos del tercer milenio somos los actores conscientes de los cambios sociales y demográficos que se vienen produciendo en nuestras comunidades.

Los gerontólogos del Tercer Milenio somos los protagonistas de los cambios en las políticas para nuestros adultos mayores y los responsables de la formación de profesionales y técnicos capaces de afrontar los cambios y dar soluciones a concretas a los problemas que se les planteen.

Estamos convencidos que el envejecimiento no es sólo un proceso físico, síquico y social, sino que se ha transformado en un proceso físico, síquico, social, político e institucional, que compromete a los gobernantes actuales con los ancianos del presente y con los ancianos del futuro.

Este proceso de cambio se deberá desarrollar dentro de un marco ideológico adecuado a las necesidades regionales, siendo su objetivo lograr alcanzar el ansiado progreso de nuestra sociedad para que logremos incluir al Mercosur en el primer mundo, donde la VEJEZ ES UNA EDAD PARA VIVIRLA y no una edad para sufrirla. La justicia social es una característica del desarrollo y nuestros ancianos merecen vivir en una región con justicia social que seguramente han soñado durante su juventud y por la cual han luchado toda una vida.

Nuestros principios nos indican que debemos revertir la pasividad característica de nuestros ancianos en una actividad productiva, ya que toda persona puede ser productiva mucho tiempo después de la jubilación y hacemos participes de todos sus conocimientos y experiencias que serán indispensables para la puesta en práctica del ACTUAL PROYECTO DEL MERCOSUR. Somos conscientes que hemos iniciado una revolución Gerontológica, que se caracteriza por la participación de los propios interesados y de todos los integrantes de nuestro sociedad ya que la VEJEZ ES EL PRESENTE DE ALGUNOS Y EL FUTURO DE TODOS.

Cuando hablamos de revolución gerontológica, nos estamos refiriendo a la necesidad de profundizar un cambio a nivel gerontológico, a sentar las bases de un proceso, con real participación de todos los integrantes de la sociedad, para mejorar la calidad de vida de nuestros ancianos.

Contemplando la situación actual de nuestros ancianos, observando históricamente de como hemos llegado a ella y de cuales serán las medidas necesarias para que alcancemos un mañana mejor donde toda la comunidad trabajará con nuestros ancianos para que CON ELLOS, PARA ELLOS y POR ELLOS en beneficio de la comunidad toda logremos alcanzar los objetivos la revalorización de todos los adultos Mayores del Mercosur.

Además del envejecimiento biológico natural, en nuestras sociedades existe, desgraciadamente, un envejecimiento social o administrativo, que en numerosos casos afecta a personas mentalmente jóvenes y en pleno rendimiento laboral, profesional o creativa. Esta injusta situación, denominada jubilación, surge como torpe consecuencia de considerar la vejez como un acontecimiento (el cumpleaños) y no como un prolongado y sutil proceso, de comienzo, duración y magnitud indefinidos y distinto para cada individuo.

Según estas consideraciones, muchos podrían preguntarse: En qué derecho o autoridad se basa un grupo social mas joven para dictaminar medidas de exclusión laboral que equivalen al aniquilamiento, social y profesional, de un elevado porcentaje de personas de mas de 65 años, intelectualmente normales?

Lo que puede interpretarse como un claro abuso de poder de un grupo social sobre otro, es más penoso si se advierte que el grupo de decretados ancianos, a quienes se les ha desposeído de toda posibilidad de reacción, permanece en una definitiva situación de indefensión.

Es evidente que factores económicos, socio-laborales y políticos actúan como fuerzas de presión que desplazan a un segundo término los estudios que miden la inteligencia de los individuos y la interpretación de los mecanismos biológicos del envejecimiento.

Para muchas personas e instituciones, y especialmente para las víctimas, la adjudicación por decreto del titulo de viejo constituye una injusticia que se interpreta por la persona así clasificada como una "fobia colectiva" hacia él. Esto surge de una sociedad que le ayudó a construir, desarrollar, e incluso también surge de una familia que él creó.

Como consecuencia, en las sociedades industrializadas surge una densa clase social que ocupa un amplio sector de la cúspide de la pirámide etárea que está desocupada, desanimada, aislada, olvidada y en la mayoría de los casos devaluada (para utilizar un término tan de moda en todo el Mercosur).

Esta confusa situación no se presenta con tanta crudeza en sociedades primitivas, que son mas humanizadas, o en épocas históricas previas en las que el anciano, es o era portador y transmisor del contenido cultural y de las tradiciones de dichas sociedades. Este desplazamiento social al que se hace referencia, tampoco se manifiesta en aquellos individuos que se dedican a actividades creativas o artísticas. Son múltiples los ejemplos de grandes creadores cuya aportación a la cultura continuo, e incluso se exalta, bien pasados los años de la jubilación que se les habría adjudicado si se hubiesen dedicado a otra profesión.

Estos cambios socioeconómicos a los que el anciano se ve obligado a adaptarse o morir, se asocian, inevitablemente, a las propias transformaciones corporales de su imagen física que constituyen la vejez. Para muchos, la pérdida de audición, de agilidad corporal o de atractivo personal tiene un significado muy intenso equivalente a una verdadera mutación. Para superar este inexorable deterioro, se necesita una gran entereza y capacidad adaptativa del yo. Se trata de manejar con dignidad una nueva crisis, la que parece más insuperable por ser la última y las reacciones a este triste proceso dependen de la particular personalidad y carácter previos del anciano. Los que han sido realistas consiguen, con éxito, transformar la vejez en una continua madurez, es decir, mantienen activo el proceso de incorporación de valores y conocimientos. Otros, para evitar o minimizar la ansiedad o los sufrimientos que la senescencia conlleva, recurren a mecanismos gratificantes más primitivos, o expresan rasgos sádicos, como la agresividad, o masoquistas, como la depresión. Otro tipo de defensa se consigue mediante una regresión y una reafirmación de su previa personalidad, mostrando un aislamiento y una falta de interés por lo actual. Evidentemente, la dificultad para recordar acontecimientos recientes aboca en la recuperación y cultivo de las vivencias antiguas como única fuente de satisfacción que los aísla todavía mucho mas de las actividades contemporáneas.

En resumen, en la vejez, para evitar el daño que se deriva de la constante pugna entre los periodos previos de la vida y la senescencia, son necesarias la adaptación o la sumisión. Si no se consiguen, se exacerba el sentimiento de depreciación personal (aislacionismo o misantropía) o surge la depresión como consecuencia de un reconocimiento y aceptación fatalista de las heridas recibidas en la propia personalidad: perdida de todo lo que ha sido ardientemente deseado (adquisición de bienes, logros profesionales, viajes, aventuras amorosas...) y que ahora es inaccesible.

Existen en esta sociedad moderna algunos desajustes de fondo. Esto nos trae una discriminación etárea.

Existe una cierta incompatibilidad entre esta sociedad actual y la vejez.

  1. Este mundo está caracterizado por LA PRISA y el anciano pierde su agilidad física y mental, de percepción de capacidad de aprendizaje.
  2. Este es un mundo JUVILINISTA (se ha puesto de moda la juventud)
  3. Este es un mundo del sexo
  4. Este es un mundo de la competencia y de la competitividad (el mundo es de los activos y de los que producen)
  5. Este es un mundo de las aglomeraciones y de las barreras.
  6. Este es un mundo de la vida y la muerte es tabú.
  7. Este es un mundo de los cambios científicos acelerado
  8. Este es un mundo de las comunicaciones y de la globalización.

Ha cambiado mucho la vida y yo creo que es un anacronismo mantener la idea de la incompatibilidad del mundo moderno y la vejez. Es verdad que hay incompatibilidades, pero es un planteamiento parcial en el cual se tienen en cuenta los aspectos negativos de la edad y se pierden los aspectos positivos.

Lo peor de todo esto es que nuestros Adultos Mayores crean que este planteo anacrónico es el real; YA QUE CADA UNO ACABA DE SER LO QUE CREE SER.

(*) Médico Geriatra

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