sábado 16 de noviembre de 2019 - Edición Nº606
Editor Platense » Salud y Jubilados » 25 ago 2018

La vejez es una edad para vivirla y no para sufrirla


Por:
Dr. Vicente Tedeschi (*)

De acuerdo con N. Butler, la gente de edad está afectada por multitud de mitos y prejuicios, entre los que se destacan:

  • El mito del envejecimiento cronológico.
  • El mito de la improductividad: aunque muchos creen que el anciano es un ser improductivo, está claro que, en ausencia de enfermedades y adversidades sociales, puede permanecer productivo e interesado por la vida.
  • El mito del desasimiento, descompromiso o desvinculación.
  • El mito de la inflexibilidad, de la incapacidad para cambiar y adaptarse a situaciones nuevas.
  • El mito de la senilidad, es decir, de la pérdida de memoria, de la disminución de la atención y de la aparición de episodios confusionales, productos todos ellos de la lesión cerebral.
  • El mito de la serenidad que, en contraste con los anteriores, sitúa al anciano en una especie de paraíso terrenal. Es fácil demostrar que los senescentes están sometidos a un mayor stress que otros grupos de edades: enfermedades crónicas, jubilación, pérdida de seres queridos, soledad, etc. Todo ello origina mayor tendencia ala ansiedad, a la depresión y a la pena. E, inevitablemente, a la disminución de la autoestima, resultante además de su peor status social

Los cambios socioeconómicos a los que el anciano se ve obligado a adaptarse se asocian, inevitablemente, a las propias transformaciones corporales de su imagen física que constituyen la vejez. Para muchos, la pérdida de audición, de agilidad corporal o de atractivo personal tiene un significado muy intenso equivalente a una verdadera mutación. Para superar este inexorable deterioro, se necesita una gran entereza y capacidad adaptativa del yo. Se trata de manejar con dignidad una nueva crisis, la que parece más insuperable por ser la última y las reacciones a este triste proceso dependen de la particular personalidad y carácter previos del anciano.

Los que han sido realistas consiguen, con éxito, transformar la vejez en una continua madurez, es decir, mantienen activo el proceso de incorporación de valores y conocimientos.

Otros, para evitar o minimizar la ansiedad o los sufrimientos que la senescencia conlleva, recurren a mecanismos gratificantes más primitivos, o expresan rasgos sádicos, como la agresividad, o masoquistas, como la depresión.

Otro tipo de defensa se consigue mediante una regresión y una reafirmación de su previa personalidad, mostrando un aislamiento y una falta de interés por lo actual.

Evidentemente, la dificultad para recordar acontecimientos recientes aboca en la recuperación y cultivo de las vivencias antiguas como única fuente de satisfacción que los aísla, todavía mucho mas, de las actividades contemporáneas.

“Salud, dinero y amor son las tres cosas mas importantes en la vida”. Pero para nuestros mayores ya sólo les queda el amor de su familia o de sus amigos y la conservación de la salud; por lo tanto popularmente cuando algo sale mal uno dice “lo importante es tener salud”.

Esta es una expresión de deseos en los momentos que uno debe sobreponerse a determinados hechos adversos y normalmente va acompañada de inactividad, depresión, tristeza, apatía, pasividad y conformismo, que seguramente nos ayudarán a perder ese tan apreciado don que es la salud.

“A nuestra edad tenemos mucho tiempo libre y pocos deseos de ocuparlo” ,“Ya no me interesan las reuniones, ni la TV, ni salir a caminar. Mi pérdida de la audición, de la vista y mi artrosis me obligan a quedarme en casa”. Estos son algunos testimonios de adultos mayores que poco a poco se van “oxidando” y van perdiendo el interés por vivir esta etapa de la vida.   

Pero si nos “oxidamos”, parte de la culpa es nuestra; la apatía, la pasividad y la inactividad son causantes y predisponentes de muchos achaques.

El secreto de la eterna juventud consiste en mantener una actividad física, psíquica y social.

Para ello hemos creado este decálogo:

  1. Tenga una actitud positiva ante la vida. Manténgase activo. Planifique sus actividades.
  2. Manténgase actualizado, participe activamente de la vida social de su barrio, su ciudad, su grupo y su familia.
  3. Aliméntese adecuadamente, deje de fumar y beba con prudencia.
  4. No consuma medicamentos si prescripción médica.
  5. Haga su higiene diaria, báñese, higienice su boca, vístase con pulcritud y cuide su imagen.
  6. Prevenga accidentes dentro y fuera del hogar.
  7. No se acueste si no tiene sueño. Si se encuentra deprimido o triste consulte con su médico.
  8. Realice ejercicios, salga a caminar, utilice bien su tiempo libre.
  9. Desarrolle su espiritualidad, recuerde que el cuerpo y el alma se complementan.
  10. Consulte siempre a su médico; como mínimo dos veces por año.

Por lo tanto debemos instalar entre nuestros hábitos de vida el ocio activo. Cada momento de la vida diaria deberá representar un ejercicio para nuestro cuerpo y para nuestra mente.

(*) Médico Geriátra

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