sábado 26 de septiembre de 2020 - Edición Nº921
Editor Platense » Nacionales » 7 ago 2020

NOTA 2

Robledo Puch: "Nunca manché mis manos con sangre, soy un pobre infeliz"

El "ángel de la muerte" dice que no tiene más a nadie, habló de su pasado, su presente y algo de su futuro: "Si salgo de la cárcel iría a bucar al capellán Cuatroquio de Olavarría o al monseñor Salaberry que me ofreció un lugar hace un tiempo". También se refirió a la inseguridad y a la delincuencia. Dijo que el ministro Berni "no sirve para nada". Y asegura que su cabeza "ya no trabaja más"


Por:
Alejandro Gabriel Salamone

"Señor Saloo, Salaa, Salomo, Salamone ¿no? Miré yo nunca manché mis manos con sangre, soy un pobre infeliz al que quitaron la vida a los 20 años. Pero leí la Biblia y creo mucho en Dios. Acá en Argentina está todo permitido, créame, vivimos en un país sin ley", dijo Robledo Puch desde la Unidad 26 de Lisandro Olmos,  jura y perjura que sólo robó pero que nunca asesinó a nadie y repetía que eran los Ibañez los que mataban gente. 

-Si es así y usted saliera de la cárcel, ¿a quién iría a ver, a quién buscaría primero?

"No tengo más a nadie, absolutamente a nadie -se quiebra a medias, lloriquea, pero sigue su relato- me quedé solito vio -y repite una y otra vez- no tengo más a nadie. Pero bueno, déjeme pensar...Iría a buscar al capellán José Cuatroquio de allá de Olavarría a quien llegué a querer mucho. Otro que me había ofrecido de darme un lugar si salía en libertad alguna vez es el monseñor Hugo Salaberry (obispo de la diócesis de Azul), él me trató muy bien cuando estaba en Sierra Chica. Pero después yo no tengo más nada, no tengo amigos,  la palabra amigo es muy fuerte y yo no tengo".

LA OBSESIÓN POR EL ARA SAN JUAN

Implosión: hundimiento y rotura hacia adentro de las paredes de un recipiente cuya presión es inferior a la del exterior. Robledo Puch tiene obsesión con el Ara San Juan, el submarino que desapareció el 15 de noviembre de 2017 por una implosión a 920 metros de profundidad por la que murieron sus 44 tripulantes: "Yo tenía un amigo ahí adentro, un teniente, murió sin sentir nada, es como un relámpago, como un disparo, por la rapidez en que se produce los que mueren no sienten nada, no sufren. En cambio si uno muere asfixiado sufre muchísimo". 

Puch le regaló al jefe de la Unidad carcelaria 26 de Olmos un manuscrito de varias páginas en la que cuenta y describe su situación. Y en la última hoja aparecen varios gráficos y dibujos del hundimiento del submarino con los que intenta explicar el suceso. Prolijamente, firmado, se lo entregó al penitenciario que lo conserva celosamente. 

"Los que murieron en el submarino no sufrieron nada, la implosión es como un relámpago, igual que un disparo, no se sufre. Pero morir por asfixia sería tremendo, le tengo pavor a eso ¿ya se lo dije no? (ver NOTA 1) 

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En la entrevista de poco más de una hora que ofreció a El Editor Platense el "ángel de la muerte" se olvidaba por momentos de su súplica para que le apliquen una inyección letal y viajaba con su relato en el tiempo, hablaba como con prisa y sin pausa como si fuera la última vez, de su pasado, de su presente y muy poco de su futuro. "Yo nací en Salta no en Buenos Aires", destaca, y también se entusiasmaba con temas que son de su interés, uno de ellos el Ara San Juan.

"Yo practicaba natación y remo, también tocaba el piano como mi abuelo y mi mamá, pero cuando me puse de novio con Mónica abandoné. La tengo tatuada en un brazo, estuve muy enamorado de ella, éramos tal para cual, éramos uno. Pero ella después se hizo monja, estaba predestinada y creo que eso la salvó de todo. Vino a verme durante poco tiempo mientras estuve en la cárcel y después entró a uno de esos templos donde están las carmelitas descalzas", contó sobre una de las hermanas mellizas que fue personificada en la película que dirigió Luis Ortega y cuyo uno de los guionistas fue Rodolfo Palacios, autor del libro "El ángel negro", quien lo entrevistó a Puch en unas diez oportunidades.

Robledo no está nada de acuerdo con lo que se cuenta de su vida en el libro ni tampoco en la película: "Inventaron todo", dice, y descarga su bronca: "No saben nada de mi vida. Me usaron y lo peor de todo es que los jueces de San Isidro se lo permitieron". Y pasa rápido a otro tema aunque dice que se ahoga y no puede respirar bien, habla de corrido, sin pausa:

Después de que murió mi papá el 31 de diciembre de 2005 me expropiaron mi casa de Ucrania 2334 en Villa Delina. Me robaron todo lo que había ahí, hasta el piano, y despúés la demolieron. Desaparecieron hasta las cartas que yo les mandaba a mis padres, en una época les escribía a ellos no menos de tres por semana".

Puch sigue su relato de corrido, rápido pero desordenado, con temas que se le cruzan en el momento por su memoria, es difícil esperar una pausa para poder preguntarle algo. Habla entusiasmado y queriendo contar todo al mismo tiempo, su relato es desprolijo: "En la cárcel me la pasé leyendo, leí 'Nociones de historia Argentina para el soldado Argentino´ editado el 15 de noviembre de 1948, y mire usted el 15 de noviembre fue el último día que emitió sonido el Ara San Juan (vuelve con su obsesión), me la pasé escribiendo y jugando ajedrez"

"Ahora mi cabeza no trabaja más, no sirve más", admite, y agrega que "hace cuatro años me sabía los libros de Perón de memoria", y por momento parece quebrarse cuando vuelve a la actualidad, "ahora otra vez estos kirchnerista que no son peronistas, odian a Perón, y la gente sufre muchísimo, yo ya estoy muerto, pero la gente sufre muchísimo y con esta pandemia...pero quiero transmitirle a los argentinos que vamos a salir adelante".

UNA BILBLIA Y CINCO LIBROS

"Tengo una biblia para usted señor Salooo, Salaa, Salomone, Salamone ¿no?. Es la biblia que leo desde hace mucho acá en la cárcel, me la regaló un amigo en Sierra Chica que después falleció pobrecito, tuvo cáncer de colon y no aguantó. Yo ahora ya no puedo leer, no me da la vista y además no me funciona la cabeza. Se la regalo, es un regalo que le hago con mucho afecto".

Robledo Puch asegura que "la gente tiene que leer solamente cinco libros en su vida y los enumera con convicción y seguridad: "La biblia; El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; el Martín Fierro, de José Hernández; La Guerra y la Paz, de León Tolstói; y Los Miserables, de Víctor Hugo. Después hay que leer por entretenimiento, pero esos que nombré son obligatorios, nadie puede dejar de leerlos".

"Yo soy peronista de Perón, soldado de Perón. Me sabía de memoria los libros que leí pero la cabeza ya no me funciona, los fui regalando esos libros. 

LAS ULTIMAS PALABRAS EN LA ENTREViSTA

Puch habló de la delincuencia y la inseguridad: "Es algo tremendo, algo que hay que combatir. Sabe que pasa, hay mucho garantismo (SIC). La policía no está preparada y tiene miedo de actuar porque no quiere ir a la cárcel. Los delincuentes van a la cárcel y después salen, no soy quien para opinar sobre esto, pero tipos como Berni no sirven para una mierda, porque son gente que buscan la figuración, me entiende..." (SIC)

"Lo que necesito y pido desde hace meses es que me administren (SIC) la eutanasia, que me den una inyección y me eliminen. Me estoy muriendo, yo nunca lastimé ni maté a nadie, nunca usé armas para robar, jamás, y yo robaba para ayudar a gente pobre, desposeída, me crié en un conventillo y a los 20 años me quitaron la vida en este país donde no hay ley, los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra. No soy quien, quizás, para hablar de la inseguridad pero yo debería tener la libertad como la tuvo en su momento Barreda".

"Mi causa se fabricó, el oficial Ojeda escribió en su momento un librito de mierda que lo tituló ´A solas con Robledo Puch´ y lo escribió para tratar de protegerse. El tiempo apremia señor salooo, Salamone. Estoy sufriendo mucho, no puedo respirar, no puedo comer, si me resfrio voy a morir en medio de un sufrimiento espantoso. Necesito que me maten o que me den un arma para matarme igual que Favaloro (ver nota 1)".

"Usted me preguntó hoy a quien iría a buscar y yo le digo...usted póngalo en la nota..que iria a buscar a mi mamá y a mi papá al cielo, quiero abrazarlos, les hice mucho daño a ellos. Y al pueblo argentino quiero abrazarlo fuerte también, le digo que tengan mucha fe, que vamos a salir. ¡VIVA LA PATRIA CARAJO", y la comunicación se cortó.

NOTA DEL REDACTOR: Ayer fui a buscar la biblia que me regaló el declarado culpable por la Justicia de 11 asesinatos.

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