lunes 03 de agosto de 2020 - Edición Nº867
Editor Platense » La Región » 31 jul 2020

La historia de un bebé en la noche oscura de la isla Martín García


TAGS: GARCíA, MARTíN, ISLA
Por:
Licenciado Guillermo Cavia

La Isla Martín García tiene muchas historias, algunas crecen como el higón cuyo tronco se abraza de todo lo que encuentra para transformarlo, esconderlo y hacerlo parte de la selva. Allí se resguarda la belleza del arenal, habitan las brisas suaves del verano, la beldad de las hojas multiplicadas en colores y las flores que centuplicadas perfuman el aire con extractos perfectos, como si allí nada fuera al azar.

La Isla tiene muchas historias, algunas de las cuales figuran en los libros, otras en la voz de los que allí residen. Contar una puede ser el principio de todas y quizás todas sean parte de la primera. Aún se pueden oír las velas de los barcos cuando se hinchaban contra el viento, buscando el lateral de estribor para iniciar una nueva batería de cañones. Al igual que aún están en la Isla los restos del presidio en cuyos escombros pueden verse los fantasmas que ahí habitaron, porque cada lugar perece indefinidamente, sin embargo siempre está al alcance de la mano.

Algunas tormentas que vienen del Oeste revuelven el Río de La Plata, haciendo que el agua deje su tranquilidad. El viento mece los árboles centenarios mientras corre apresurado por los senderos de calles y de selva. De pronto el cielo se cubre y todo se empapa, cual si fuera un rocío que está en todos lados, como si las hojas de los gomeros dejaran correr su agua cual toboganes gigantes. Los cañaverales se iluminan de verde y se les hace resbalosa la corteza, a la vez que remolinos de vegetación se desprende para danzar junto al agua y el viento.

Un niño de tres años anda en la Isla, él ya conoce las tormentas, los cielos azules, las brisas suaves, el perfume de las flores, los verdes claros y las sombras que solo están en la selva. Se lo puede ver jugando con las campanillas violáceas de los jacarandaes o con las flores de magnolias que suele juntar Margarita, su mamá.

El niño quizás no conozca todas las historias de la Isla, pero si que tres años atrás una tormenta le dio una pertenencia especial.

Detrás de le escena

Un llamado telefónico recibido en el Área de Operaciones alertaba acerca de la necesidad de una aeronave para la Isla Martín García. Inmediatamente todo el personal de la Dirección Provincial de Aeronavegación Oficial se puso en movimiento. Se necesitaba evacuar de la Isla a una mamá que estaba por dar a luz. Los pilotos miraban las informaciones meteorológicas que marcaban un clima adverso, mientras el personal de mecánicos disponía la aeronave que estaría dispuesta para ese vuelo. Se decidió que el traslado se efectuaría en un helicóptero, por lo que en pocos minutos se lo alistó en la plataforma, bajo una lluvia que por momentos era intensa.

La mujer no podía esperar, no había más tiempo. Su bebe estaba preparado para nacer y era necesario que pudieran llegar a tierra firme. En el área de operaciones todo estaba listo, solo se necesitaba que el clima ayudara para poder salir hacia la Isla. Los pilotos evaluaron las condiciones para la partida y decidieron que debían hacerlo, así que inmediatamente pusieron en marcha el helicóptero con la misión de buscar a la mamá y el bebe.

El Director Provincial de Aeronavegación Oficial había informado al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires acerca de las dificultades que presentaba el vuelo a realizarse, si bien la comunicación es un procedimiento que también se realiza en los vuelos para el C.U.C.A.I.B.A., numerosas veces la realización del vuelo, en condiciones muy adversas, hace que haya que seguir las alternativas minuto a minuto, para que el Gobernador de la Provincia sepa que está aconteciendo y pueda seguir muy de cerca el caso.

Bajo un cielo del atardecer de fines del verano, que se quedaba sin luz, el helicóptero entro sobre el Río de La Plata con destino a la Isla Martín García. Viajaban los pilotos junto a dos médicos para realizar el traslado. El vuelo se realizó en condiciones meteorológicas muy complicadas, sin embargo pudo aterrizar en el lugar. Pero al llegar comprendieron que era imposible llevar a la madre hacia el continente.

El último nacimiento en la Isla Martín García había sido en el año 1986, desde entonces todos los partos fueron realizados fuera de allí. Pero Margarita no podía esperar más. El niño estaba a punto de nacer así que esa noche fue asistido por el mismo personal que lo había ido a buscar para el traslado. En medio de la tormenta que iluminaba cada tanto el cielo de la Isla, el niño nació. El hecho lo transformó en el único nacimiento del lugar de los últimos 19 años. El resto de las horas trajeron lo demás, la alegría de los familiares, la del personal médico y de pilotos que sintieron lo acontecido como propio y la felicidad que un niño naciera allí después de tanto tiempo.

Al otro día la mamá y su bebe fueron trasladados hacia el hospital de la localidad de San Fernando en perfecto estado de salud.

Epílogo

Muchas cosas quedaron de ese Vuelo Sanitario, pero me pregunto si en el lago de la Isla, donde las tortugas se quedan al sol, si entre los sauces, si en los helechos, si en medio de las calles de las cañas, si cerca del arenal hay otro niño isleño caminando por allí. Respondo que no, porque seguramente el niño de Margarita debió nacer esa noche en la Isla, porque al igual que los perfumes del lugar, nada es azar.

Licenciado Guillermo Cavia 

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