martes 17 de septiembre de 2019 - Edición Nº546
Editor Platense » La Región » 13 jul 2018

Envejecimiento y sociedad


Por:
Dr. Vicente Tedeschi (*)

A medida que, en condiciones normales, la longevidad se incrementa, la mayoría de los humanos experimenta una continua modificación de sus funciones físicas y mentales, caracterizada por una lentificación de sus movimientos y de su comportamiento, observándose cierta pérdida de la memoria para acontecimientos recientes de carácter benigno (amnesia benigna del anciano). Aunque no debe interpretarse como el comienzo de un proceso demenciante, en edades avanzadas los ancianos pierden parte de su inteligencia fluida, es decir, su capacidad de identificar rápidamente las relaciones entre varios estímulos intelectuales simultáneos. También pierde, en menor proporción, la denominada inteligencia cristalizada, lo que equivale a decir que el envejecimiento prolongado se asocia a una disminución del caudal de conocimientos.

Puesto que los tejidos, y especialmente el cerebro, no están diseñados para vivir eternamente, la senescencia debe ser interpretada como la última fase de la vida, entendiendo esta como un continuo proceso de involuci6n. Por esta razón hay que aceptar el envejecimiento como un largo proceso inevitable, aunque las expectativas de vida continúen prolongándose. Desgraciadamente, durante este largo proceso, son muchos los insultos internos y externos que lo aceleran deteriorando la tan ansiada buena calidad de vida

Además del envejecimiento biológico natural, en nuestras sociedades existe, desgraciadamente, un envejecimiento social o administrativo, que en numerosos casos afecta a personas mentalmente jóvenes y en pleno rendimiento laboral, profesional o creativa. Esta injusta situación, denominada jubilación, surge como torpe consecuencia de considerar la vejez como un acontecimiento (el cumpleaños) y no como un prolongado y sutil proceso, de comienzo, duración y magnitud indefinidos y distinto para cada individuo.

Es evidente que factores económicos, socio-laborales y políticos actúan como fuerzas de presión que desplazan a un segundo término los estudios que miden la inteligencia de los individuos y la interpretación de los mecanismos biológicos del envejecimiento.

Para muchas personas e instituciones, y especialmente para las víctimas, la adjudicación por decreto del titulo de viejo constituye una injusticia que se interpreta por la persona así clasificada como una "fobia colectiva" hacia él. Esto surge de una sociedad que le ayudó a construir, desarrollar, e incluso también surge de una familia que él creó.

Como consecuencia, en las sociedades industrializadas surge una densa clase social que ocupa un amplio sector de la cúspide de la pirámide etárea que esta desocupada, desanimada, aislada, olvidada y en muchos casos, despreciada. En tales circunstancias, no es de extrañar que además del, por ahora inevitable 10% de incidencias de demencias, el 90% restante de este grupo social padezca un estado de intensa y permanente depresión que afecta a casi todos los individuos que la componen.

Considerada la realidad ya existente, el problema social que plantean las demencias va a ser ampliamente superado por el que se deriva del continuo incremento de ancianos normales. Si no se encuentran medidas que alivien esta dramática situación, los individuos más jóvenes de las sociedades más desarrolladas tendrán el triste privilegio de asistir, como simples espectadores, al lento y angustioso naufragio de los mas viejos o menos jóvenes.

Según estas consideraciones, muchos podrían preguntarse: En qué derecho o autoridad se basa un grupo social mas joven para dictaminar medidas de exclusión laboral que equivalen al aniquilamiento, social y profesional, de un elevado porcentaje de personas de mas de 65 años, intelectualmente normales?

Lo que puede interpretarse como un claro abuso de poder de un grupo social sobre otro, es más penoso si se advierte que el grupo de decretados ancianos, a quienes se les ha desposeído de toda posibilidad de reacción, permanece en una definitiva situación de indefensión.

Esta confusa situación no se presenta con tanta crudeza en sociedades primitivas, que son mas humanizadas, o en épocas históricas previas en las que el anciano, es o era portador y transmisor del contenido cultural y de las tradiciones de dichas sociedades. Este desplazamiento social al que se hace referencia, tampoco se manifiesta en aquellos individuos que se dedican a actividades creativas o artísticas. Son múltiples los ejemplos de grandes creadores cuya aportación a la cultura continuo, e incluso se exalta, bien pasados los años de la jubilación que se les habría adjudicado si se hubiesen dedicado a otra profesión.

TRANSFORMACIONES CORPORALES

Estos cambios socioeconómicos a los que el anciano se ve obligado a adaptarse se asocian, inevitablemente, a las propias transformaciones corporales de su imagen física que constituyen la vejez. Para muchos, la pérdida de audición, de agilidad corporal o de atractivo personal tiene un significado muy intenso equivalente a una verdadera mutación. Para superar este inexorable deterioro, se necesita una gran entereza y capacidad adaptativa del yo. Se trata de manejar con dignidad una nueva crisis, la que parece más insuperable por ser la última y las reacciones a este triste proceso dependen de la particular personalidad y carácter previos del anciano. Los que han sido realistas consiguen, con éxito, transformar la vejez en una continua madurez, es decir, mantienen activo el proceso de incorporación de valores y conocimientos. Otros, para evitar o minimizar la ansiedad o los sufrimientos que la senescencia conlleva, recurren a mecanismos gratificantes más primitivos, o expresan rasgos sádicos, como la agresividad, o masoquistas, como la depresión. Otro tipo de defensa se consigue mediante una regresión y una reafirmación de su previa personalidad, mostrando un aislamiento y una falta de interés por lo actual. Evidentemente, la dificultad para recordar acontecimientos recientes aboca en la recuperación y cultivo de las vivencias antiguas como única fuente de satisfacción que los aísla, todavía mucho mas, de las actividades contemporáneas.

En resumen, en la vejez, para evitar el daño que se deriva de la constante pugna entre los periodos previos de la vida y la senescencia, son necesarias la adaptación o la sumisión. Si no se consiguen, se exacerba el sentimiento de depreciación personal (aislacionismo o misantropía) o surge la depresión como consecuencia de un reconocimiento y aceptación fatalista de las heridas recibidas en la propia personalidad: perdida de todo lo que ha sido ardientemente deseado (adquisición de bienes, logros profesionales, viajes, aventuras amorosas...) y que ahora es inaccesible.

Existen en esta sociedad moderna algunos desajustes de fondo. Esto nos trae una discriminación etárea.

Existe una cierta incompatibilidad entre esta sociedad actual y la vejez.

  1. Este mundo está caracterizado por LA PRISA y el anciano pierde su agilidad física y mental, de percepción de capacidad de aprendizaje.
  2. Este es un mundo JUVILINISTA (se ha puesto de moda la juventud)
  3. Este es un mundo del sexo
  4. Este es un mundo de la competencia y de la competitividad (el mundo es de los activos y de los que producen)
  5. Este es un mundo de las aglomeraciones y de las barreras.
  6. Este es un mundo de la vida y la muerte es tabú.
  7. Este es un mundo de los cambios científicos acelerado
  8. Este es un mundo de las comunicaciones y de la globalización.

Ha cambiado mucho la vida y yo creo que es un anacronismo mantener la idea de la incompatibilidad del mundo moderno y la vejez. Es verdad que hay incompatibilidades, pero es un planteamiento parcial en el cual se tienen en cuenta los aspectos negativos de la edad y se pierden los aspectos positivos.

LO PEOR DE TODO ESTO ES QUE NUESTROS MAYORES SE CREAN ESTE PLANTEO ANACRONICO; YA QUE CADA UNO ACABA DE SER LO QUE CREE SER.

BIBLIOGRAFÍA

BINSTOK, R. H. – GEORGE, L. K. “Social Sciences”, Academic Press, USA,1995

BROCKLEHURST, J. C. “Trattato di Geriatria e Gerontologia”, Piccin, Italia, 1983

BUTLER, R. N., “Envejecimiento Global” en Gerontología Mundial. Año 1 N° 1 Buenos

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COMUNIDAD DE MADRID, CONSEJERIA DE SANIDAD Y

SERVICIOS SOCIALES, “El anciano en su casa” , Navarro & Tapia, Madrid, 1999

FERNANDEZ-BALLESTEROS, R. “Mitos y realidades sobre la vejez y la salud”, Fundación Caja de Madrid, Madrid, 1991

FORCIEA, M. A. – LAVIZZO-MOUREY, R. “Secretos de la Geriatría”

McGraw-Hill Interamericana, Mexico, 1999

LANGARICA ZALAZAR, R. “Gerontología y Geriatría”, Interamericana, Mexico, 1985

(*) Presidente de  la Federación Argentina de Geriatría y Gerontología. vtedeschi@doctor.com

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