viernes 05 de junio de 2020 - Edición Nº808
Editor Platense » La Región » 22 may 2020

El autismo, la alimentación y la responsabilidad a la hora de ser padres


Por:
Licenciado Guillermo Cavia

Una chancleta vuela en el aire, atraviesa el espacio de la cocina, surca el aire sobre la mesa del comedor y da de lleno en la cabeza de Ramiro. La escena retrata un instante de un día de primavera del año 1973. La mamá del niño se habría quedado sin paciencia y acudió al extremo que puede estar en el recuerdo de muchos lectores. Incluso hoy con las nuevas tecnologías, las redes sociales, principalmente Facebook, suele tener algunos memes que menciona que gracias a un “artefacto, como la chancleta, el cinturón, la vara de mimbre, muchas personas forjaron el bien por sobre lo malo, así quedaron ajenas a la vagancia, delincuencia, mala educación y se han hecho buenas personas”.

Podría uno concluir que esas herramientas de la fuerza son los mejores instrumentos para educar. Podría ser la conclusión de madres y padres que recibieron esa educación y que también la impartieron. Como dice el cuño de la moneda Brasilera “Por la razón o la fuerza”. Hasta la iglesia a través del santo padre dice que dos nalgadas son buenas para no lamentar más adelante una situación irreversible, incluso hasta la corte de Nueva York, menciona que una nalgada es un "uso razonable de la fuerza".

Quizás la chancleta que volaba en el aire de la cocina para dar en la cabeza de Ramiro se transformó con el tiempo en una anécdota simpática que muchas personas pueden recordar como una experiencia propia. Un golpe con esos artefactos no tenía la mirada de maltrato infantil o violencia, sino la imagen de una mamá con la paciencia colmada. Podría ser considerada parte de una educación, disciplina, límites. No se lo vincula con golpizas, o maltratos. Hasta se dice que podría ser más eficaz que un tratamiento de psicología. También resulta curioso que ante una anécdota de chancletazo o cintazo, alguien exprese que jamás sus padres la o lo hayan golpeado en su infancia, esa revelación cambia el clima de la charla, porque se dan cuenta que el patrón de conducta también podía ser otro con los mismo resultados. 

Pero hay un factor que siempre se debe tener en cuenta a la hora de educar y está relacionado con la alimentación. Porque si la misma no es buena sin dudas perjudica la salud de las niñas y niños en todo el mundo. Si se come mal se vive mal. A veces creemos que estamos ante una dieta saludable pero puede suceder que haya siempre otra opción mejor. La manera en que entendemos y respondemos a la malnutrición debe cambiar porque no se trata sólo de conseguir que los niños coman lo suficiente; se trata sobre todo de conseguir que coman los alimentos adecuados. 

No podemos dejar de pensar que no todos acceden a una buena alimentación. Esto no tiene que ver con la idea de cambiar un producto por otro, sino en la desesperación de no tener el acceso a alguno de ellos. A medida que los niños comienzan a consumir alimentos blandos o sólidos cuando cumplen seis meses, a muchos de ellos se les suministra el tipo incorrecto de dieta. En todo el mundo, cerca del 45% de los niños de entre seis meses y dos años de edad no reciben ninguna fruta o verdura. Cerca del 60% no come huevos, productos lácteos, pescado o carne, según lo expresa en un informe Unicef. A medida que los niños crecen, su exposición a los alimentos poco saludables es alarmante, debido en gran medida a la publicidad y la comercialización inapropiadas, a la abundancia de alimentos ultraprocesados, tanto en las ciudades como también en zonas remotas, y al aumento del acceso a la comida rápida y a las bebidas altamente edulcoradas.

Los problemas de alimentación también alcanzan al autismo, porque se ha descubierto que son habituales y se presentan sobretodo en la primera infancia. Nuevamente, es uno de los aspectos que más preocupa a las familias. Es importante que los familiares o cuidadores de las niñas y niños con autismo conozcan las causas de dichas dificultades y pongan en marcha un programa de alimentación específico e individualizado para el hogar, que dé respuesta a cada niña o niño. Porque los problemas de alimentación en el autismo obedecen a diferentes causas que han de tenerse en cuenta, son una parte esencial de muchas conductas, tales como rechazar algunos alimentos y texturas.

Para abordar los problemas de alimentación en el autismo hay que comprender que los mismos son singulares para cada caso y ayudara a los padres a acercarse más al origen del problema y por tanto, dar una solución concreta y específica. En muchas ocasiones las niñas y los niños con autismo tienen niveles altos de metales pesados en su organismo como puede ser el mercurio o el arsénico. También pueden padecer infecciones de diversa tipología como la Candidiasis que es una infección que afecta al intestino delgado. También se deben tener en cuenta las alergias e Intolerancias alimenticias. Todos estos factores influyen en la salud y bienestar emocional que tendrá consecuencias observables en la conducta del niño o de la niña.

No hay chancleta que pueda solucionar la percepción sensorial que es uno de los aspectos más importantes a contemplar en los problemas de alimentación en las niñas y niños con autismo. Cualquiera de nosotros solemos ingerir algo cuando tenemos un estado de tristeza o de alteración, lo denominamos ansiedad y abrimos la heladera tantas veces sea posible, aún sabiendo que los alimentos no se generan solos y si el chocolate antes no estaba, tampoco lo va a estar. La alimentación emocional es el nombre que se le da a esos  momentos donde consumimos porque pensamos que la comida nos salvará de la situación en la que nos encontramos, o porque creemos que olvidaremos nuestras emociones más fuertes.

"El autismo no es una forma de ser. Tiene una base biológica y puede ser tratado". Lo afirma el doctor Nicolás Loyácono, médico, director de posgrado de la UBA, quien propone un enfoque novedoso e integrador sobre el tema. Habitualmente los trastornos del espectro autista (TEA) se abordan con terapias que hacen foco en la conducta del paciente y en sus vínculos. También, y cada vez más, en los aspectos genéticos. Pero Loyácono, proponen otro esquema terapéutico y menciona que "el autismo no es una expresión de genes ni una condición ni una forma de ser, contamos con pruebas contundentes de que existe un grado de inflamación cerebral en personas con este diagnóstico. Ese trastorno inflamatorio cerebral es lo que debe tratarse de inmediato. Los padres, lo familiares, van a escuchar repetidas veces que no hay nada que buscar en el cerebro, pero es mentira".

Enfocarse en la inflamación cerebral, dice el médico, es el primer gran paso. "Sabemos que no es simple comprender esto, pero la evidencia con la que contamos es importante. En nuestro equipo hemos tratado cientos de chicos y todos han logrado mejorar, y algunos en muy pocos días lograron conectarse, mejorar el lenguaje, la comunicación, la sociabilidad. Tenemos como objetivo reducir la inflamación y lo hacemos por diversos caminos, uno de ellos es cambiando la alimentación, ofreciendo probióticos que modifiquen la flora intestinal, porque hoy se sabe perfectamente que cerebro e intestino están sumamente conectados y que modificando las condiciones de la microbiota se logran cambios en el comportamiento. Les aseguro que la medicina del futuro pasa por acá", señala. El médico además entiende que el pediatra tiene en el tratamiento del autismo un rol principal, pero que en general su participación no es tenida en cuenta en los modelos habituales de abordaje.

Es probable que Ramiro estuviera consumiendo la merienda, sentado en su silla, la taza de leche, el pan fresco con manteca y mermelada, la televisión encendida a las 17:00 horas, mientras en su serie preferida, el Zorro le hacía la Z en la panza al Sargento García. Quizás estaba ensimismado con ese instante preciso de la tarde. Mientras su mamá le pedía algo, le hablaba y él ni la escuchaba, porque estaba en su mundo de niño, todo es posible. Incluso que la leche que consumía cada mañana y tarde en su casa tuviera una relación directa entre su alimentación y una serie de trastornos que podría ir desde las alergias a intolerancias alimenticias. Quizás no solo la leche, sino también algunos componentes del trigo. Pero nada de eso se manifestaba acerca de la posible relación entre deficiencias alimentarias y algunos síntomas conductuales de Ramiro dentro del espectro autista. Mientras tanto la chancleta volaba en el aire. Sin dudas era parte de una terapia que podía ser eficaz en el cuadro de Déficit Atencional, pero que podría ser un grave error. Ni más ni menos, se trata de la responsabilidad a la hora de ser padre.

Licenciado Guillermo Cavia
 

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