lunes 24 de junio de 2019 - Edición Nº461
Editor Platense » La Plata » 29 jun 2018

Envejecer en femenino


Por:
Dr. Vicente Tedeschi (*)

Haciendo referencia a los contrastes que se producen en el mundo observamos, con respecto a la mujer, que algunas culturas la han ensalzado y otras la han denigrado. De un día al otro han cambiado los valores de la mujer; se la ha colocado en un pedestal para luego hundirla nuevamente de una manera burda e hiriente.  Siempre ha sido así: el ideal de la mujer aparece oscilando fuertemente en el marco de la humanidad y de la historia.

Dónde está entonces el punto correcto? Se trata de la teoría de la complementación. Ambos sexos no poseen la misma modalidad, pero, poseen el mismo valor. Cada uno ha sido creado para complementar al otro.

Podemos definir la originalidad de la mujer por lo personal, por lo afectivo-espiritual y por lo maternal. La mujer está referida más hacia lo personal mientras que el hombre hacia lo utilitario. Dentro de las características femeninas debemos remarcar la mayor intuición, la posibilidad de amar con un amor espiritual lleno de afecto, dada su condición de madre existe en ella una posibilidad cierta de una mejor interpretación del tú personal y cuando ha conservado su nobleza interior posee una ilimitada capacidad de sufrimiento.

La mujer sabe unir lo espiritual con lo material o corporal, orgánicamente. La mujer tiene un fino sentido del tacto.

En el Siglo XX se han agolpado una serie de acontecimientos: descubrimientos científicos, cuestionamientos de valores, cambios de costumbres, expansión vertiginosa de la técnica, dos guerras mundiales, sumándose un permanente temor a una tercera, y un sistema económico que ha sometido bajo sus leyes al hombre de occidente.

Según Teresa Orrego, socióloga y experta de la ONU y CEPAL, piensa que “el siglo XX se ha caracterizado por una redefinición del papel de la mujer en la sociedad”. Este cambio de roles ha modificado plenamente el concepto de mujer, adentrándola en el mundo del trabajo industrial, a la oficina, a la ciencia, a la técnica, etc., empujándola hacia una nueva forma de vida. En esta nueva forma de vida su relación con el mundo adquirió una inmensa complejidad, puesto que asumió responsabilidades de asalariada o emprendedora sin dejar de lado las responsabilidades que venía asumiendo con anterioridad.

Por ello el gran desafío actual es establecer una coherencia entre los dos mundos de la mujer, el mundo del hogar y el mundo fuera del hogar.

Hace algunos años se realizó en Chile un estudio sobre religiosidad y espiritualidad (encuesta de Centro Bellarmino) y entre las conclusiones observaron que la religiosidad y la espiritualidad femenina es más rica que la masculina.

Los prejuicios que aparecen a través de los tiempos y que caracterizaron el machismo, conjuntamente con las características laborales y las actividades desarrolladas por el varón fuera del hogar, hicieron pensar que la espiritualidad y la religiosidad “eran cosas de débiles”, pero con el transcurrir de los años y con la evolución que se ha producido en las costumbres, estos conceptos han variado, y el hombre, como varón o como mujer, se sensibilizó hacia los nuevos conceptos religiosos adentrándose en la fe.

Según las conclusiones redactadas por los obispos en Puebla (1979) el papel fundamental de la mujer es ser defensora de la vida y educadora del hogar y su trabajo no deberá ser solamente la satisfacción de necesidades económicas sino instrumento de personalización y construcción de una nueva sociedad. En la eterna lucha por cambiar el mundo en el cual vivimos, la mujer al igual que el varón, deberán pelear la vida en igualdad de condiciones.

En este nuevo desafío que ha emprendido la mujer también debemos resaltar el papel que ha de desenvolver en la política, en las ciencias, en el trabajo, en las artes, etc.; por ello en este siglo XXI  la mujer tendrá un papel protagonico en todas las edades.

Sus características individuales la impulsarán hacia la defensa de los derechos humanos convirtiéndose en un agente de cambio, desarrollando fórmulas de cambio social e integrando a todos los grupos etáreos en esta sociedad “moderna” para que sea en realidad una sociedad en la cual puedan vivir todas las edades.

(*) Médico Geriatra

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