miércoles 26 de febrero de 2020 - Edición Nº708
Editor Platense » La Región » 10 feb 2020

El emotivo viaje a las Islas Malvinas de un ex combatiente platense junto a su familia


Por:
Sofía Luz Vertua

“A mí me hace muy feliz pisar Malvinas, caminar la turba, los lugares que recorríamos en 1982, transitar el pueblo y esos espacios que no pudimos conocer en el 82. Nosotros siempre decimos que en el 82 conocimos a Malvinas en blanco y negro y ahora podemos ver los colores y es muy real”, contó Germán Farías a El Editor Platense para plasmar en palabras la emoción de recorrer y revivir los momentos que lo marcaron a fuego.

Germán Farías es uno de los ex combatientes de nuestra Ciudad que luchó en las Islas Malvinas, recientemente llegó de realizar un viaje junto a su mamá de 82 años, Nelly Garmendia, su esposa Claudia y sus tres hijos, Lihuel de 14 años, Raiquén de 24 y Elián de 28 a las islas.

“Para mi vieja, con todo lo que ha sufrido en su momento, ha sido maravilloso viajar. Seguramente visitar mi trinchera, el lugar donde pasé mis 60 días, ese tiempo durante el que ella esperó, no sabiendo si estaba vivo o muerto, fue muy significativo”, relató. Farías es un militante ferviente de la causa Malvinas, “en mi familia siempre se mamó el tema Malvinas por lo tanto mis hijos y mi señora siempre estuvieron con el tema sobre la mesa así que en su momento cuando les dije de ir rápidamente todos me dijeron que sí”.

En marzo del año pasado comenzó a organizar el viaje que concretaría en enero del 2020. Llegó a las islas en avión, para ello tuvieron que viajar a Río Gallegos para desde ahí tomar el vuelo con destino Malvinas.

“Llegar a mi trinchera era una necesidad enorme así que cuando llegamos, bajé de la camioneta y corrí hasta ese lugar y me puse a escarbar, como dice mi señora, buscando quién sabe qué. Uno dejó una vida ahí. Y si bien uno no va a buscar nada que no ya no está, esa vida que tuve hasta los 20 años ya no está, pero obviamente hay un montón de sentimientos que me marcaron en la vida”, relató emocionado.

A ese lugar a la intemperie en donde pasó frío y hambre pudo volver después de más de 30 años junto a sus seres más queridos. Se quedó varios minutos contemplando el lugar y recordando sus vivencias mientras tomaba mates y charlaba con sus familiares.

Emociones nunca antes vividas

“Viajar a Malvinas es un antes y un después, es comprender mejor muchas cosas, reacciones, sentires, frases que se repiten como mantras, la sensación que una parte muy grande de sus vidas quedó detenida en el 82, la desesperación por llegar a sus lugares, una está más cerca de entender parte de lo vivido, aunque creo que es una parte muy pequeña de tanto”, relató Claudia, esposa de Germán.

“Cuando llegas y te da en la cara ese frío esa brisa es un despertar no sólo de tus sentidos, todo empieza a aparecer en tu cabeza, lo que escuchaste, lo que viste, las fotos, lo gris de la guerra y los colores de Malvinas con sol te llegan al corazón. Pero cuando llegas a “sus” lugares, adonde hace 38 años estuvieron es otra la sensación, yo sentí otras presencias, muy fuertes, los soldados allí con sus ponchos, sus zapatillas, sus armas y pude reconstruir los relatos escuchados montones de veces, pero ahora poniéndolos en perspectiva, la historia ahí tan presente como el viento. Te inunda la emoción, te duele la historia, esos soldados que quedaron en esas tierras, que hicieron lo que pudieron pero que no volvieron, y si a mí me duele, no puedo imaginar lo que sienten ellos que los vieron morir, es algo demasiado pesado para soportar”.

La emoción familiar fue muy significativa. Fueron días de muchos abrazos, historias y recuerdos. “Estuvimos en el cementerio de Darwin, por supuesto, visitando a los compañeros, rindiéndole honor. Estuvimos en Goose Green o ganso verde y en San Carlos, que son los lugares que están más alejados del pueblo y en donde los ingleses desembarcaron al principio”, contó Farías.

Otro momento importante fue la visita de la familia al Monte London, “es una montaña muy empinada y en el London mis compañeros de la compañía B resistieron 14 horas, fue la batalla en la que murieron la mayoría de los ingleses y de los argentinos”, recordó el ex combatiente. Y agregó: “Uno vio la batalla de lejos y de noche, recuerdo que vimos todo el fuego de artillería, de las balas, fue un infierno”.  

Farías ya había viajado a las Islas en el 2012 con dos de sus hijos pero esta nueva visita a Malvinas junto a toda su familia fue un hecho memorable para todos. Su mamá, su mujer y sus hijos pudieron pisar y sentir ese lugar que marcó para toda la vida a Germán. “Por un montón de cuestiones, algunas dolorosas y otras no tanto, Malvinas es uno de esos lugares en el mundo que uno tiene y de mí parte quiero volver a ir un montón de veces más”, finalizó el ex soldado combatiente de Malvinas.   

Carta de Claudia, expresando su vivencia en la Isla

"El viaje más planeado, esperado y disfrutado sin lugar a dudas fue nuestro viaje a Malvinas en familia, fuimos seis: Germán, Elian, Raiquén, Lihuel, Nelly, la mamá de Germán y yo. Un sueño que él venía planeando hace mucho tiempo.

Desde que armamos esta familia, Malvinas siempre fue parte de ella. He tratado de acompañar en lo que he podido y de la manera que me ha salido hacerlo. Siempre intentando compartir la causa en los espacios por los que he transitado. Germán siempre habló sobre la guerra, compartió sus anécdotas vividas en las Islas, he visto las cartas, revistas, videos etc. Nos habló de su trinchera de cómo se acomodaban para dormir, de su hermano desde la guerra Germán y todo lo que compartieron juntos. Las caminatas a buscar comida, los recursos ingeniosos para obtenerla, la solidaridad para compartir los siete de su posición, y mucho más.

Sin embargo y con tanto escuchado compartido, sufrido por él con frases que son parte de su ser como “yo estoy vivo porque ellos murieron”, a pesar de todo eso nunca tomé real dimensión de semejante experiencia hasta que fui a Malvinas.

Es un antes y un después, es comprender mejor muchas cosas, reacciones, sentires, frases que se repiten como mantras, la sensación que una parte muy grande de sus vidas quedó detenida en el 82, la desesperación por llegar a sus lugares, una está más cerca de entender parte de lo vivido, aunque creo que es una parte muy pequeña de tanto.

Cuando llegas y te da en la cara ese frío esa brisa es un despertar no sólo de tus sentidos, todo empieza a aparecer en tu cabeza, lo que escuchaste, lo que viste, las fotos, lo gris de la guerra y los colores de Malvinas con sol te llegan al corazón. Porque cuando sale el sol, se ilumina todo y admiras la belleza de ese lugar, las arenas blancas, el agua verde, las diferentes especies de pingüinos, los gansos en parejas, las aves de pechos rojos, las rocas, la turba, los helechos, las bayas rojas en toda la isla, los ríos de piedra, los arroyuelos y los hilos de agua en fin paisajes maravillosos.

Pero cuando llegas a “sus” lugares, adonde hace 38 años estuvieron es otra la sensación, yo sentí otras presencias, muy fuertes, los soldados allí con sus ponchos, sus zapatillas, sus armas y pude reconstruir los relatos escuchados montones de veces, pero ahora poniéndolos en perspectiva, la historia ahí tan presente como el viento. Te inunda la emoción, te duele la historia, esos soldados que quedaron en esas tierras, que hicieron lo que pudieron pero que no volvieron, y si a mí me duele, no puedo imaginar lo que sienten ellos que los vieron morir, es algo demasiado pesado para soportar.

Llegar a la posición de Germán, a su trinchera fue lo más doloroso, verlo cómo salió disparado de la camioneta a su lugar, su emoción, el abrazo que nos dimos y el abrazo que pudo darle su mamá, fue conmovedor y a la vez sanador. Estábamos en su casa, revolvía la tierra como buscando quien sabe qué, nos mostraba cómo dormían, nos contaba de todo, no podía parar de hablar, fue un momento único, que me conmueve de sólo recordarlo. ¿Cómo pudieron sobrevivir en tan inhóspito lugar, entre turba, piedra, lluvia, viento y en el contexto de una guerra? Cuesta entenderlo, pero así fue y hoy siguen parte del tiempo allá y otra parte acá, obviamente no puede ser de otra manera. Otros volvieron sus cuerpos pero sus cabezas no y es entendible.

En este viaje vivimos momentos de risas, de llanto, de recuerdos, de dolor, de acompañamiento, de homenaje, de bronca, de esperanza. Creo que el secreto es animarse a vivirlo, te hace crecer, se lo recomiendo a aquellos familiares que aún no lo han hecho y a aquellos veteranos que no han ido con sus familias. Es reparador, te encuentra con tu familiar de otra manera y aumenta el compromiso de todos/as con el Malvinizar cotidiano, espero que haya podido transmitir algo de esta experiencia inolvidable.

Vayan, nuestras Islas Malvinas son hermosas, son nuestras y ellos nos esperan y nos reciben cuando llegamos, nuestros héroes, ellos las cuidan hasta que volvamos, abrazos", Claudia.

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