domingo 19 de enero de 2020 - Edición Nº670
Editor Platense » La Región » 10 ene 2020

Ciudadanía y Opinión Pública


Por:
Licenciado Guillermo Cavia

Ser ciudadano es un rol. Es pertenecer y el hecho no está aislado, porque muy por el contrario es el principio de las cosas, desde el momento de haber nacido se es parte del proceso de ser y con el paso de los años esa persona se inserta en la comunidad y a la vez por las razones lógicas del sistema también lo está en la política. Nada está fuera de esa realidad y es natural que así sea. Incluso si el individuo quisiera no pertenecer a la ciudadanía, pasará por un ciudadano que no acepta su rol, pero que nunca deja de pertenecer.

El rol de ser ciudadano es parte esencial en el estudio de la opinión pública, porque en todas las épocas los movimientos de la sociedad han estado absolutamente vinculados a la opinión pública, la historia lo muestra en cada uno de sus hechos y la realidad actual lo expresa a diario. Podemos debatir los acontecimientos históricos y los actuales, pero siempre en el marco que aquí presentamos. La ciudadanía tiene la posibilidad de transformarse, de cambiar sus gustos y costumbres, lo hace atendiendo sus propios intereses, pero a la vez como parte de la sociedad. Lippman (autor norteamericano) expresa que: “cada uno de nosotros vive y trabaja en un pequeño sector de la superficie terrestre, se mueve dentro de un circulo reducido de relaciones y sólo conoce íntimamente a algunos pocos”. El hecho pareciera demostrar que un ciudadano está aislado, pero en verdad pertenece a una red capaz de transformarse en masa,  generar cambios y en ese fenómeno está el auge de los medios de comunicación, demostrando el poder real de la opinión pública.

La ciudadanía está naturalmente ligada a la política ya que responde a una estrategia de crear ciudadanos por medio de un conjunto de prácticas y conocimientos. A partir de esta manera de entender la ciudadanía debemos revisar, en primer lugar, la distinción entre lo público y lo privado para luego detenernos en algunos de los rasgos de la llamada opinión pública. Podemos analizar qué tipo de ciudadanos promueven los medios y hasta qué punto podemos aseverar, hoy, que los medios son los artesanos y los que configuran ciudadanos. Como explica Bourdieu, existen por un lado las “opiniones constituidas y ciertos grupos de presión movilizados en torno a un sistema de intereses explícitamente formulados, y por otro, disposiciones que, por definición, no son una opinión”. Si, como dice el sociólogo francés, se trata de constituir la idea de que existe una opinión pública unánime para legitimar y reforzar las relaciones de fuerza que la fundan o hacen posible, nos preguntamos de qué manera los medios y la opinión pública pueden considerarse configuradores de un nuevo tipo de ciudadanía.

Ser ciudadano conlleva la responsabilidad de respetar los derechos y obligaciones y somos los artífices de nuestra clase dirigente. Nada es azar y en cada cosa que sucede no estamos apartados. El presidente, los intendentes, las mujeres y los hombres que tienen roles de preponderancia en nuestro país, son nuestra responsabilidad directa. Hacemos la realidad a diario. A la vez las personas elegidas tratan de generar los caminos para volver a ser los favorecidos, porque un dirigente en Argentina es un mesías, que tendrá el mejor sueldo, los insuperables beneficios y el poder de hacer y deshacer. Un engranaje que funciona desde hace décadas y a muchos les marcha muy bien. La pregunta es: ¿saber si al resto también? Nuestro rol de ciudadanos es fundamental. Francia es una muestra cabal de que las cosas no pueden ser tomadas a la ligera. Pero no se trata de ser revolucionarios, sino de ejercer el poder de la opinión pública. Cultivar la semilla del pensamiento y la razón. 

Para pensar un dato que puede resultar interesante, sobre todo al momento de ir al supermercado para mirar la lista de precios cuidados, o cuando se esperanza a una porción de la población, con un bono de 4000 pesos pagado en dos cuotas. También en el instante de ver cómo avanzan los pesos del surtidor cuando se carga combustible, o en el momento de ver llegar las facturas de luz, gas, ABL, inmobiliario, patente, etc. La Cámara de Diputados de Argentina tiene un presupuesto anual aproximado de 208 millones de euros y más de 200 diputados. La Cámara de Diputados de España tiene más de 300 diputados y su presupuesto aproximado es de 91 millones de euros. Solo hablo de la cámara de diputados. No de senadores, presidencia, gobernaciones, intendencias, etc. Cuando se habla de reducir el costo, los gastos ¿a qué se refieren? ¿No se debería empezar por reducir sueldos de la política, absolutamente abismales en relación de un empleado común? ¿No se debería empezar por el propio reflejo? ¿Acaso el dólar turista puede afectar al sueldo de un senador al momento de viajar? ¿No es hora de terminar con la hipocresía? ¿Hasta cuándo será así?

De manera más simple debemos entender que la ciudadanía y la opinión pública son parte de los mismos elementos, con condicionantes de uno y otro lado, pero que cuyas causas necesitan la reciprocidad. Si volvemos al principio de estas letras decimos que ser ciudadano es un rol que se adopta desde el momento mismo del nacimiento, pero también podríamos aseverar, tangiblemente que ese principio está ocurriendo en medio de la fuerza de la opinión pública. Uno espera al otro y viceversa. Creemos que así será hasta el fin de los días. Entonces no deberíamos desaprovechar las oportunidades. 

Licenciado Guillermo Cavia

 

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