sábado 19 de septiembre de 2020 - Edición Nº914
Editor Platense » La Región » 6 dic 2019

La historia de Luca en La Plata y su andar: la simpleza de entender que Dios es Down


Por:
Licenciado Guillermo Cavia

Luca tiene 23 años, está sentado a la cabecera de la mesa y luce una remera celeste impecable, quedó a la vista porque unos instantes antes, se quitó el abrigo, para colocarlo cuidadosamente en el respaldo de su silla. Me habla acerca de muchas cosas y claramente se le nota que es deportista nato. No hace mucho ganó una medalla dorada en velocidad, compitiendo en los juegos bonaerenses, para ello debió conquistar el podio en La Plata, luego la instancia regional y finalmente la final en Mar del Plata, donde consiguió su distinción.

Entrena en el CEF número 2 y brilla cuando atraviesa la pista sintética posando sus zapatillas, aguerrido, en los 400 metros del estadio provincial. Allí todos los conocen, pero él está atento a las indicaciones de su profesora Laura. Asiste los lunes y miércoles, aunque su agenda es interminable en actividades de todo tipo. Por ejemplo, los martes va a bailar ritmos latinos al Teatro Argentino, bachata, salsa, merengue, todos son su especialidad y disfruta hacerlo bajo la supervisión de su profesora Carolina. 

Mientras hablamos, la mamá que se llama Susana, lo mira y él cada tanto levanta su brazo para tocarla y acariciarla. Según dicen el amor es un verbo divino y mientras la entrevista se desarrolla, tengo acceso para verlo allí en su máxima expresión. Está en los gestos, en el aire. En los ojos de Luca y en los cristales de su mamá. El amor se ha colocado en la mesa de la conversación. Las palabras son parte de ese hecho especial. La voz de Luca, tranquila y clara no hace más que mostrarlo feliz, inmensamente feliz y su mamá lo sabe a la perfección, porque junto con el papá han hecho todo lo posible, lo que se puede alcanzar y seguramente más para que así suceda.

La agenda no tiene baches, porque incluso los martes a la mañana, Luca asiste a un programa de empleo inclusivo en una asociación civil que se denomina NUBA. En el lugar se encuentra con otras y otros asistentes y allí practican entrevistas y situaciones de dificultad e incluso de determinación. Esa actividad la frecuenta también los miércoles por la tarde. Aunque la agenda parezca intensa, no ha llegado ni a la mitad de todo lo que hace, porque el día jueves es de práctica de ping pong, donde ha demostrado tener la habilidad necesaria para un juego tan preciso, tal es así que ganó el tercer puesto de su categoría, en un campeonato disputado este año en la localidad en San Justo.

En su brazo izquierdo se advierten dos tatuajes, uno es un león gigante, que evidencia su preferencia futbolística en la ciudad y el otro un brazalete maorí. Mientras que en su brazo derecho hay una pantera y una víbora muy bien elaboradas. No sé si serán sus tatuajes o su pinta de galán, pero cuenta que hay cinco chicas disputando ser su novia, aunque él no define,  porque no ha decidido aún, no obstante en la charla apareció al azar, una posible ida al cine con una chica joven, que no está en la disputa y cuyo nombre es el de la flor inmaculada que tiene el perfume exacto de la navidad.

Luca egresó del IPE donde desarrolló toda su actividad escolar, allí salió capacitado para las artes gráficas. Le encanta pintar y todas las mañanas mientras desayuna tomando unos mates, con pan, queso crema y dulce de leche, pinta con fibras mandalas, que luego se transforman en tarjetas para regalar en las fiestas de cumpleaños o fin de año. La pintura quizás la hereda de su abuela Inés, que junto a él, les dan color a figuras de yeso, como perros, o caballos. Una tarea que es más que pintar siluetas, se trata del exacto regalo de la vida, para unos y para otros. Porque allí reside el instante perfecto de momentos, que hacen verdaderamente importante al tiempo.

Los sábados es el día del futbol en el club Cambaceres. Le pregunto a Luca de qué juega, me lo dice con sencillez y al instante “soy Dybala, juego en el puesto 10”.  No hay demasiado que agregar a tamaña respuesta. No se trata de Messi, de Maradona o de Dybala, en realidad se trata de él. Siguiendo su agenda me cuenta que los domingos es el día familiar, salen a almorzar a un restaurante, o se reúnen con primas, primos, tías, tíos, la abuela Trinidad o el abuelo Juan Carlos. Su preferencia para comer a la hora de sentarse en la mesa es la pizza especial, las milanesas o unas hamburguesas de pollo que prepara su mamá. Pero me aclara que como en todas las cosas de la vida a él le gusta todo y hace de todo.

Tiene también un espacio que dedica para mirar series o películas, imagino que será los viernes, porque de ese día no me dijo nada. Le gusta un súper héroe que se llama Gokū, es un personaje de la serie de manga y anime Dragón Ball, que fue creado por Akira Toriyama en 1984. También tiene predilección por Michael Jackson, por eso en su habitación que le construyó el papá, se hospeda una pintura gigante que está en una de las paredes, se trata de un mural enorme con la pose tradicional del cantante, haciendo un paso y tocando su sombrero. Incluso a veces Luca lo imita, bailando y entonando en inglés.  ¡Ahí todo su mundo, sus cosas, sus momentos, sus sueños! Sin dudas Luca es inmensamente feliz.

La ciencia determina que “El síndrome de Down es un trastorno genético ocasionado cuando una división celular anormal, produce material genético adicional del cromosoma 21”. Me pregunto ¿si se trata realmente de un trastorno, si la división celular ciertamente es anormal? Me quedo con esas dos palabras “trastorno” y “anormal”. Luego me doy cuenta que quizás la ciencia tiene esa manera formal de presentar al síndrome. Por mi parte, estoy seguro es en ese indicio, donde sin oscilaciones reside lo mejor de la humanidad, está todo lo bueno, lo verdadero, lo simple, la esencia de creer con absoluta certeza que si yo puedo todos pueden “yo soy ganador, todos son ganadores”, me dice Luca. Creo sin dudarlo que en él y en otras y otros como él, está presente la solidaridad, la bondad, la honradez, la perseverancia, la ternura, la igualdad, el respeto, la calidez, la alegría, la simpleza, el buen sentir, la fuerza y el amor que saben manifestar. Por todo eso, creo que Dios es Down. 

Willy Cavia

NOTICIAS RELACIONADAS

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS