viernes 13 de diciembre de 2019 - Edición Nº633
Editor Platense » La Región » 1 dic 2019

La panadería Santa Teresa dijo adiós


Por:
Guillermina Inchaurregui

Hace unos años, cuando llevábamos a nuestros hijos a la colonia del club, tomábamos diagonal 77 desde Plaza Italia hasta llegar a 4 y seguir hasta la sede de Gimnasia. Era un ritual semanal desde que terminaban las clases y bien tempranito.

No fueron pocas las veces que con una excusa u otra entrabamos por facturas, pan u otros ricos productos. Tenían una pastelería exquisita (milhojas, bombones, alfajores, entre otros) y los panes y derivados se sumaban al calificativo (sándwiches triples). Para las pascuas su pan dulce.

Cuestión que, este sábado fue el último para "Santa Teresa" de ese rinconcito de diagonal 77 y 4.  Quedará en el recuerdo de clientes fijos, vecinos y en aquellos que ocasionalmente pasaron por el lugar. Quienes trabajaban o estudian en el Liceo Víctor Mercante bien lo saben también. 

Sobre una de las diagonales que se trazara en los planos fundacionales de la “ciudad milagro” se erigió este negocio en los primeros años del siglo XX. Este emprendimiento familiar que gesto el inmigrante español Amable Vega Blanco sesenta años atrás. Con su esposa Laura se conocieron en León, España iniciando su noviazgo. Cuando Vega fue a África para hacer el servicio militar ella se fue de su pueblo natal Santalavilla y emprender el viaje hacia Argentina. 

Ella ya tenía una hermana aquí con contrato de trabajo que era requisito para todo inmigrante. Al terminar la milicia Vega se caso por poder y y viajo al encuentro con Laura. En capital federal trabajo 8 años en una panadería que le daría la llave para comenzar su propio proyecto con el cual se ganaría la vida. Dormía unas pocas horas y su mujer trabajaba en una hilandería en la que ganaba más y lo ahorraba para el futuro.

Vega tuvo un primer intento de instalar su panadería en San Isidro pero no fue posible. La esposa de su patrón le dijo que tenía alma de líder, entonces con Acevedo, su socio portugués, lo intentaron en La Plata. Santa Teresa ya existía y entonces mediante la firma de varios pagares se hicieron del fondo de comercio.

Su mujer le aconsejo” invertir en lo que le daría de comer” y “comprar luego una vivienda” según cuenta una hija del matrimonio. Fue comprando la parte de sus socios con el apoyo de su familia. Estuvo al frente del negocio pero también trabajando atrás, en la confección de los productos hasta los 78 años a causa de una enfermedad, alejándolo un  7 de noviembre de 2005.

“El tiempo se hace chavala” les decía a sus hijas. Era su fórmula para transmitir la cultura del trabajo a sus hijas y empleados. También estaba la tía Eloina, querida por todos, solidaria también como todos ellos que, resguardaba a los jóvenes que perseguía la policía y les armaba una especie de paquete para pasar como clientes.

Hubo un empleado que entraba antes de las 6 para poder comer algo y cuando Vega se entero “lo espero con chocolate caliente y un sándwich y le dijo que siempre iba a poder comer algo sin necesidad de entrar antes” según refirió su hija. También les ha dado a los estudiantes recortes del pan para que se hicieran una especie de pizzas para que mataran el hambre en las noches de estudio o cuando no les alcanzaba o aconsejar que no tuvieran malas juntas.

Las hermanas de Vega que hoy cuentan con 62 y 65 años aclaran que no cierran por cuestiones económicas sino por cansancio. Les cuesta despedirse.

Seguro es que se los va a extrañar. Rica y buena producción de sus productos realizados con esmerado esfuerzo. Se dice que es por cansancio, entonces merecido descanso si así lo han decidido pues el cansancio también determina estas decisiones.

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