miércoles 13 de noviembre de 2019 - Edición Nº603
Editor Platense » La Región » 8 nov 2019

Hacer patria es una de cal y una de arena


Por:
Guillermo Cavia

Ayer jueves, veinte segundos antes de las  13:53, una mujer corría por encima del pasto de la plaza Güemes de La Plata. El sol de noviembre estaba punzando en todos lados y la temperatura marcaba los 30 grados. Ella cruzaba en diagonal hacia la esquina de 38 y la calle 18. Estaba vestida de negro y sus zapatos elegantes no le ayudaban en su carrera. Además contra su pecho y envuelta en inmaculado blanco, llevaba una bebita, que se notaba era muy pequeña. El viento que venía del Este parecía la frenaba y hasta le jugaba una apuesta irónica, porque ella trataba de alcanzar el micro Oeste, que hace el recorrido hacia el centro de la ciudad por la avenida 38. La mujer seguía corriendo porque desde el otro lado de la plaza pudo advertir que el colectivo estaba llegando, pero por más ligera que pudiera andar no iba a poder alcanzarlo. Sin embargo, el chofer de la línea Oeste la vio en su desesperación. Así que detuvo la marcha de la unidad que manejaba, casi a una cuadra antes de la parada. De esa forma la mujer y la bebita en brazos pudieron abordarlo, escapando de una espera y también de los rayos afanosos del sol.

Es la misma plaza en la que dos motos policiales, de gran porte, cruzaron sin razón aparente, sin operativo a la vista, sin ser parte de un patrullaje especial. Los conductores trazaron una imaginaria Avenida 19 encima de la plaza, lo hicieron como un hecho natural,  mientras hablaban entre ellos. Incluso activaron la sirena para despejar las sendas peatonales, que es habitual para niñas y niños, mascotas, bicicletas, gente que camina, que se sienta en los bancos dispuestos a los costados de esas pasarelas de baldosas. Al mismo tiempo una de las motos era una chimenea fumante, que dejó por varios minutos toda la zona central de la plaza con un humo pesado y azul,  como si la hubieran fumigado. La atravesaron ante la mirada de todos y se sumaron así al paisaje habitual, porque ese hecho es también la rutina de otros conductores de motos, que sin control, siempre la cruzan como si fuera un complemento de las Avenidas 19 y 38. Lo hacen a distintas velocidades sin reparar en el daño que pueden provocar. Cual si hacer lo que no corresponde fuera moneda corriente. Por supuesto algunos llevan casco, otros ni eso, aunque para andar en moto, más que casco, hay que usar la cabeza.

“Una de cal y una de arena” es una frase del lenguaje popular que no pierde vigencia. Disiento absolutamente de su significado, porque se apela a ella para indicar que en la vida hay situaciones que pueden tener aspectos positivos, pero también negativos. Imagino una palada de arena, luego otra de cal. Si bien no está la piedra referenciada, la misma está implícita, porque la arena como la cal surgen de piedras, la primera contiene hierro, feldespato y hasta puede tener  yeso, según el tipo de roca de la que procede y el hecho hasta le da un color característico. Por su parte la cal surge de la piedra caliza, que es una roca sedimentaria compuesta mayoritariamente por carbonato de calcio. La arena y la cal unidas forman lo que se denomina pastón o argamasa que se destina a la construcción. El agua es fundamental en esta mezcla, porque así como nos permite la vida, da la posibilidad de unir estos materiales que serán para cimentar, hacer columnas, paredes, cargas, etc. Vuelvo a imaginar las paladas, la de arena que aparenta ser positiva y la de cal que sería negativa. No lo creo. Porque si la pala tiene esos elementos es porque alguien está simplemente haciendo su trabajo.  

Cuando el chofer del Oeste detuvo el micro a una cuadra de su parada, no hizo más que dar una palada de arena o de cal, él era el agua necesaria para construir un día mejor para alguien, puso su esfuerzo y mejoró su trabajo. Le permitió a una mujer con la bebita abordar el colectivo. A la distancia observando la escena creí que merecía un aplauso, así como el que se le da a los pilotos de un avión cuando finalmente aterriza la aeronave.  Ese chofer del Oeste es uno más de los tantos que hacen buenas cosas en la ciudad de La Plata y en nuestro país. Está del lado de la solución y no de los problemas. Mientras que los policías que cruzaron la plaza, sin causa aparente y humeando la misma, obviamente no merecen el aplauso de nadie, incluso son forjadores de una imagen negativa, en una institución que estigmatizan, condenando a quienes ejercen con buenos ejemplos una vocación de verdadero servicio. Todo ocurrió en una plaza, en distintos momentos. Si el lector es observador podrá ver quiénes están del lado del problema y quiénes de la solución, hasta en las cosas más básicas: un guiñe antes de doblar; balizas antes de detenerse; respetar la luz roja; no tirar colillas y otros desperdicios en la vía pública; levantar las heces de las mascotas; respetar al ciclista y que el ciclista respete las normas de tránsito; motociclistas con cascos; escapes con silenciadores; reciclar la basura domiciliaria; devolver un celular extraviado, una lista que podría ser interminable. Se trata del granito de arena diario de cada uno de nosotros, pero también del granito de cal.

Lic. Guillermo Cavia

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