viernes 24 de enero de 2020 - Edición Nº675
Editor Platense » Policiales » 17 sep 2019

Profunda investigación

“A Anto la mataron y con las nuevas pericias vamos a demostrarlo”

La familia de la adolescente de 17 años encontrada muerta en un cañaveral de Berisso espera con ansias las últimas novedades de una investigación que se reabrió tras estar archivada y en la que podría estar implicada la Bonaerense


Por:
Nicolás Fábrega

Hace cuatro años Evelyn Antonella Herrera salió a la mañana de su casa ubicada en 12 entre 150 y 151 de Berisso para dirigirse a la escuela Media 1 a la que asistía. Con ella iba su hermano y se separaron en una esquina en particular debido a que él iba a otro colegio. A partir de ese momento -18 de septiembre de 2015- nunca nadie volvió a verla con vida. Su cuerpo, con el rostro desfigurado, fue hallado15 días después en un cañaveral de 12 y 170 que había sido rastrillado por la Policía Bonaerense en cuatro oportunidades.

El fiscal de la causa, Marcelo Martini –titular aún de la UFI número 3- se presentó en la escena del crimen y dijo ante las cámaras de televisión y los medios gráficos allí reunidos que se había tratado de un “suicidio”. Basó sus conjeturas en que el cadáver “no presentaba ninguna lesión de arma de fuego o blanca” y en una carta “de despedida” encontrada en la mochila de la adolescente, cuya vida dejó de florecer con 17 años.

Familiares de la chica y un representante legal que los asiste en todo momento refutaron ante El Editor Platense las palabras del doctor. Por un lado, indicaron que si bien Antonella no fue asesinada a tiros ni a puñaladas, sí se trató de un crimen. “La ahorcaron y creemos poder demostrarlo”, relató Luis Basualdo, representante del Centro y Atención a la Víctima que desde hace largos años se encuentra junto a los allegados de la joven. Y el hombre –a quien le mataron a su propia hija y a su yerno en diciembre de 2004, en Villa del Plata- argumentó que “del rostro de Evelyn pudimos obtener lo que serían indicios de huellas digitales, que dejó el asesino al ahorcarla y que los análisis a realizar por las fuerzas federales van a develar”.

En cuanto a la misiva, fue la propia María Bernal, madre de la víctima, quien detalló su contenido ante este portal: “Era una especie de diario íntimo, cosas que iba contando. Había fallecido su papá y también una abuela mía, y en la carta decía que le dolía que hubieran muerto”.

Por aquella época los detectives informaban que el deceso había sido a través de la ingesta de veneno, pese a que no había tóxico alguno en la escena del crimen ni en sus cercanías. “Pudo haberlo tomado en su casa e internarse luego en el cañaveral”, dedujeron. Sin embargo, esa complicada, absurda e inverosímil teoría jamás se la presentaron a la familia, sino que sólo la vertieron ante la prensa. Ya de por sí, los restos de Antonella no hablaban de una muerte por envenenamiento: ni siquiera había escupido espuma, además de que no rasgó el barro de su alrededor, una acción lógica en toda aquella persona que esté falleciendo producto de un tóxico que destruye las entrañas, con un agonizante dolor.

“Ella nunca se habría suicidado, no estaba de acuerdo con eso. Había conocidos que le hablaban de suicidios y a ella no le gustaba. El sábado previo a su desaparición nos habíamos puesto a bailar y a sacar fotos. No había motivos ni nunca mostró nada en ese sentido”, expuso María, y añadió: “Mi marido había comprado un equipo de música y el 24 a la noche (del diciembre posterior al fallecimiento del padre, en 2014) ella me dijo que iba a sacarlo y poner música. Yo le advertí que no hacía mucho había ocurrido lo del padre, por si le hacía mal, pero ella dijo que quería que lo recordáramos con música, porque a él le gustaba. Los 24 era él quien organizaba todo; ya el 8 armaba el arbolito con Anto y el otro nene y el 24 y 31 tiraba la casa por la ventana. Se sentaba, compartía y disfrutaba. Los hacía pasar bien a ellos”.

La Policia en las cercanías de la escena del crimen

En otro pasaje del mismo recuerdo señaló que “ese 8 yo había dicho que no se iba a armar el arbolito y ella dijo que sí. Se encargó con su hermano Lucas y un ahijado mío. Todo lo hacía como lo hacía el padre. Los recuerdos no eran para nada depresivos”. Fanny, la tía de Antonella, añadió: “Ella bailaba en la colectividad española y estaba preparándose el vestido”.

La tarde jamás esperada

“A las 17.30 llegué de trabajar y me puse a tomar un té. Se hicieron las 18 y le pregunté a mi mamá por Anto, porque estaba oscureciendo. La llamamos por teléfono pero daba apagado y nadie se pudo comunicar, eso nos pareció extraño. Salí entonces a buscarla por las calles que ella agarraba habitualmente cuando venía caminando. María fue a hablar con un compañero que vive en la otra cuadra y él confirmó que no había ido al colegio. Fui a Plaza Moreno, donde a veces se reunía con amigos, pero nada”.

María prosiguió el relato: “La buscamos por todos lados y nadie sabía nada. Llamé al 911 y vino la Policía, pero nos dijeron que tenían que pasar 72 horas y que fuéramos a hacer la denuncia a la comisaría. Nunca nos quedamos quietas esperando que vuelva. Cuando su amigo me confirmó que no había ido a la escuela me angustié. Nunca se retrasaba: venia directo a casa. A veces salía temprano y nos decía que se iba a algún lado con amigas. O me llamaba para que la pasara a buscar. Siempre me decía dónde estaba, nunca desapareció”.

Fanny aseguró que “salió de acá para volver. Ese día mi papá cobró la jubilación y le regaló plata a ella y al hermano, plata que le dieron a mi mamá para después, a la noche, comprar helado. El dinero lo dejó acá, con su abuela”. Otro indicio de que no fue una desaparición voluntaria fue que “le dijo a una amiga que venga a tomar mates. Cuando llegué de trabajar ella estaba esperándola afuera”.

Puntualizó que “desapareció el 18 y el sábado 19 quisimos comunicarnos por teléfono. En un instante alguien lo atendió, pero no habló. Ya después el celular apareció apagado. Más tarde vimos desde casa que su Facebook estaba conectado, le escribimos preguntándole dónde estaba para ir a buscarla y del otro lado nos contestaron ‘¿quién te conoce?’. Le tenía miedo a la calle”.

La confirmación de una noticia devastadora

“El paso de los días fue una tortura. Nunca pude sospechar esto. Tenía rebeldías pero nunca de irse a la calle. Podíamos enojarnos, pero a los 15 minutos ella ya buscaba el acercamiento”, mencionó María.

Tras quince días de búsqueda, que incluyeron 60 rastrillajes por diferentes zonas de Berisso, Ensenada y La Plata, dos adolescentes que habían ido a fumar al cañaveral de 12 y 170 se toparon con la dantesca escena: el cuerpo de una muer tirado, boca arriba y con la cara desfigurada, en medio de un barrial. Tanto ese día, como los anteriores, había llovido y el aguacero caído –así  como el frío de un invierno que se negaba a desaparecer-, hacía estragos.

Una de las marchas pidiendo justicia

“Yo fui la primera en enterarme, por una vecina que en ese momento era policía de Ensenada y nos acompañó todo el tiempo”, contó Fanny. “Vino a decirme que habían encontrado un cuerpo. Se me desvanecieron las piernas y me llevaron a su casa. Desde ahí vi que llegó la policía a lo de María, y escuché sus gritos”.

A la madre de Antonella le agarró una crisis nerviosa y debió ser medicada, para después ser trasladada a un hospital. “Lo único que decía era que fueran a buscaran a Lucas, porque seguía en el colegio, a dos pasos de donde estaba pasando todo”, dijo, haciendo referencia a que la escuela queda a pocos metros de la escena del crimen.

“Mi cuñada fue a reconocer el cuerpo al lugar, pero no la dejaron entrar ni acercarse. A nadie de nosotros se nos permitió aproximarnos a la escena para ver si había algo sospechoso, como huellas o colillas”, se lamentó Fanny, y agregó: “La primera hipótesis que nos dijeron fue la del suicidio, pero no cómo. Lo dijo el fiscal, sin autopsia y ni bien llegó al lugar. Después empezamos a sospechar porque esos días había llovido mucho y la ropa no estaba mojada”.

En el sitio, al lado del cadáver, “se encontró un papel del chocolate Dos corazones, que aparentemente se llevaron para analizar”. El problema es que, si se hicieron los estudios del contenido del estómago, su familia nunca lo supo porque jamás se lo contaron. Y aunque menor, ese detalle pudo haber marcado una evidencia a seguir. ¿Lo había comido ella? ¿Alguien que estaba con ella y se fue dejando tras de sí un cuerpo sin vida? Interrogantes que, cuatro años después, continúan sin respuestas.   

De acuerdo a las apreciaciones de los forenses que llevaron a cabo la operación de autopsia, la data de muerte era de entre cinco y siete días a la aparición del cadáver. “Si llevaba una semana muerta, ¿dónde estuvo la otra semana desaparecida? Son muchos interrogantes”, dudó Fanny.

Rarezas de la investigación

Los resultados de la autopsia fueron informados a la familia por los mismos médicos que materializaron la intervención. “Participé en muchos homicidios dolosos y ningún perito en ninguno de los casos fue a la casa de los allegados para contarles qué había pasado. Su función es hacer un escrito para el fiscal, pero no tomar contacto con la familia. Recién lo hacen en el juicio oral y público. Y en este caso vino el médico que hizo la autopsia con el comisario: eso es imposible”, detalló Basualdo.

Antonella tenía 17 años

Y aquí la trama se hace aún más compleja, ya que el suicidio perdió fuerza (pese a que el mismísimo Martini, en televisión, había indicado eso) y entró en acción otra mecánica de fallecimiento. “Nos dijeron que había sido muerte natural por paro cardiorespiratorio a raíz der un edema pulmonar. Lo que no nos dijeron fue cómo se originó”, contó la tía, y María la secundó: “Nos dijeron que podíamos quedarnos tranquilas porque no había sido abusada”. Sin quedarse atrás, Basualdo apuntó: “Tampoco nos cierra la rapidez con la que se hizo el sepelio, y estamos también averiguando eso. Vamos a llegar hasta las últimas consecuencias”.

Una nueva investigación

El caso, cerrado y archivado como “muerte natural”, se reabrió el año pasado bajo la misma figura legal que tuvo una vez hallado el cuerpo: “Averiguación de causales de muerte”. Martini se excusó y su lugar fue ocupado por Ana Medina, de la UFI 1. Ya fue solicitada una serie de nuevos análisis forenses, entre ellos el toxicológico y el pool de vísceras. Las evidencias serán estudiadas por las fuerzas federales, corriendo del medio a la Bonaerense. ¿El motivo? La posibilidad de que esté involucrada, directa o indirectamente. Por un lado, porque los restos aparecieron en un lugar previamente rastrillado pero, también, porque el celular de la adolescente fue hallado en el domicilio del hijastro del entonces comisario de Berisso, hijo a su vez de un comisario de Ensenada.

“Este chico era amigo de Anto”, aseguró María. “Acá vino dos veces: una para invitarla a un cumpleaños, pero mi marido le dijo a mi hija que venga él y se presente. La persona que vi no era la misma que cuando ella desapareció. Había cambiado la fisonomía totalmente: pasó de ser petiso y flaco a más alto y grandote, ya que iba al gimnasio”. Ya con la muerte presente, los compañeros de la víctima “quisieron ir a pelearlo”. Lo veían sospechoso.

Fanny contó que “él era medio agresivo. El día de la desaparición fui con otro sobrino hasta su casa, porque sabía que hasta el día anterior habían estado hablando. Él salió con el padrastro y la madre. Estaba nervioso y los padres le pidieron que nos dejara su número de teléfono para que me avisara si se enteraba de algo, pero no quiso”.

Para sumar más condimentos a una historia oscura, Basualdo indicó que “el padrastro, que era el titular de la comisaría Primera y debía investigar el caso, fue trasladado el mismo día de la desaparición a una dependencia de La Plata. Otro punto extraño fue que el domo de seguridad que estaba en el cañaveral también desapareció justamente ese día”.

Más y más misterios

Pero hubo una situación inexplicable que tuvo como protagonista a Fanny. El domingo 20, 48 horas después que Antonella fuera vista por última vez, la tía se enteró a través de periodistas  que su sobrina había vuelto. Paralelamente, había hablado con el encargado de la investigación, quien le dijo que la pasaría a buscar en un móvil para que la acompañara a un domicilio. “Me ilusioné con que me iban a llevar al lugar donde estaba ella”, dijo. Sin embargo, la situación comenzó a hacerle ruido. En primer lugar, no fueron por ella en un patrullero como le aseguraron, sino en un auto particular en el que había dos policías de civil. “Me llevaron a la casa del hijastro del comisario pero no me dejaron bajar”. La obligaron a quedarse en el coche, donde la tuvieron cerca de dos horas. “Nunca supe qué estaba pasando en esa casa. Los policías salieron y me llevaron a la mía, sin explicarme nada. El lunes a la mañana tuvimos todo el barrio rodeado de agentes, averiguando sobre nosotros no sé con qué finalidad. Recién después del mediodía el comisario nos dijo que había aparecido el celular de la nena en lo de ese chico”.

Lejos de traer alivio por un presunto avance en la causa, la irrupción del teléfono trajo consigo nuevas preguntas. “¿Qué hacía ahí y por qué borró las fotos y todo lo que había en el chip?”, se interrogó Fanny, quien detalló que el padrastro del joven le dijo que éste estaba enamorado de ella y que por eso la “estaba cubriendo de algo”. A ella no le cierra esa idea: “Si estaba enamorado lo que correspondía era que le diera el celular a María”.

El implicado aseguró que se deshizo del chip y le contó a la Policía dónde, pero cuando fueron a recuperarlo ya no estaba. “Tampoco pudo verificarse el recorrido que dijo haber hecho”, deslizó Basualdo. Este hombre declaró tres veces y “siempre cosas diferentes”. En uno de sus relatos “dijo que le regaló el celular porque ella se iba con una persona. Eso es mentira; ni a nosotros nos los prestaba, lo amaba. Más tarde supimos que él la perseguía y que ella no quería saber nada”.

 La SUBE y un importante peine

María y Fanny, al igual que Basualdo, tienen la certeza de que se trató de un femicidio mal investigado, con decisiones desacertadas de fiscales y peritos y una profunda falta de sentido común general. Para la Justicia platense fue una muerte natural, pero no les interesó preguntarse qué hacía allí, en medio de un cañaveral, bajo un temporal de lluvia y frío, una adolescente de 17 años que debía estar en el colegio. ¿Qué lógica tiene adentrarse en un descampado, alejado de todo, sola y durante una mañana álgida? Ninguna. Ninguna lógica. Que la muerte la haya sorprendido allí no tiene ninguna lógica.

“Le tenía miedo a la calle, a todo”, detalló la madre, y enumeró también las cosas que la chica llevaba consigo y nunca aparecieron, como la tarjeta SUBE, los auriculares, las pinturas que había llevado a la escuela porque “se maquillaba como todas la de su edad” y el peine que había heredado de su padre. “Se lo había adueñado desde su fallecimiento y era muy celosa de él. A veces yo se lo usaba, ella se daba cuenta y se enojaba. Lo tenía siempre en la mochila”. La SUBE “se usó después de su desaparición”, aclaró.  

En las próximas semanas podría haber importantes novedades en la causa. “No tengo dudas que pasó algo muy grave pero estoy esperando los resultados de las pericias para hablar. Sé que ahí vamos a tener buenas noticias. La autopsia acá nunca la hicieron bien y confiamos ahora en las fuerzas federales. Cuando se sepa la verdad, va a ser muy fuerte, con personas importantes implicadas”, concluyó Basualdo.

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