miércoles 18 de septiembre de 2019 - Edición Nº547
Editor Platense » La Región » 7 sep 2019

Se jubiló el último empleado del Teatro Argentino que vivió desde adentro el incendio histórico de 1977


Por:
Alejandro Salamone

Ese fatídico día, el 18 de octubre de 1977, Pachi Servidio tenía apenas 16 años aunque los suficientes para trabajar de aprendíz de maquinarias -montan los decorados en escena- en el Teatro Argentino. Justo esa jornada no le tocó presentarse porque había vuelto de Bahía Blanca de trabajar duro con el ballet, sin embargo por una intuición o vaya a saber qué cosa a las 10,30 de esa mañana que se presentaba soleada pasó a buscar al hijo de un amigo que vivía frente al colegio Virgen del Pilar de 15 entre 33 y 34 para llevarlo a conocer el Teatro.

"Me acuerdo que recorrimos cada rincón, yo hacía como de guía turístico, estaba orgulloso de haber conseguido un puesto laboral en ese gigante de la cultura", contó Pachi  (60 años) a El Editor Platense a días de haberse jubilado después de 44 años y ser el último de los que aún quedaba en actividad que vivió incrédulo uno de los incendios que más conmovió a nuestra ciudad en toda su historia.

Pachi pone la firma para su jubilación

"Todavía me parece sentir el olor a quemado, es lo que más me impresionó y me quedó como impregnado en todo el cuerpo, en la memoria", contó Servidio que al momento de jubilarse hace apenas unos días se desempeñaba como subjefe de Regencia de Escenario, y que durante más de 20 años fue Regente del Cuerpo de Baile del Argentino y estuvo al lado de grandes estrellas de la danza.

Después de haber recorrido cada sector del viejo edificio con ese chico al que había llevado a conocer su nuevo ámbito laboral de la cultura, Pachi volvió con su Fiat 600 a su casa de La Loma. "Estaba reventado, cansado -relata- y me acosté la siesta..."

No había celulares y por ende tampoco WhatsApp o Messenger, incluso en muchas casas no llegaban ni los teléfonos de línea. "Me despertó un llamado de mi mamá, ella se enteró que había comenzado a incendiarse el Teatro, me levanté de golpe y con mi compañera de toda la vida, Mónica, salimos en el Fiat 600 por las calles más calmas que ahora. Nos pudimos aproximar hasta 10 y 51. La nube de humo era tremenda, la gente corría,  iba, venía, ´se quema el Teatro´ decían una y otra vez. Yo no podía creerlo me parecia una pesadilla pero era realidad. Nadie podía creerlo mientras las llamas consumían casi todo, fundamentalmente el sector de escenario, arriba y abajo y la platea".

"Un momento tremendamente impactante fue cuando se desmoronó el techo, todavía me parece verlo, el ruido, los estruendos. Muchos lloraban impotentes por no poder hace absolutamente nada, las sirenas de los bomberos se escucharon casi todo el día, costó mucho apagar las llamas".

UN POCO DE HISTORIA 

Aquel hecho luctuoso dio origen a la decisión de reconstruirlo, y tres años después se pudo iniciar la tarea. El enorme edificio actual, de líneas arquitectónicas modernas, cuya planta tiene asiento en el mismo lugar que ocupaba el antiguo Argentino, es hoy, en realidad, un complejo centro cultural integrador y polifuncional con escasos símiles en el mundo, pero que sin embargo está inactivo en su sala principal por graves problemas edilicios y de infraestructura.

Hasta antes del incendio, el antiguo Teatro Argentino era, en realidad, no sólo una joya arquitectónica sino un edificio histórico, el más antiguo teatro existente en el país, honor que desde la tragedia quedó reservado para el Teatro del Libertador, de Córdoba.

El viejo edificio renacentista, que a fines del siglo XIX diseñó el arquitecto Leopoldo Rocchi, desde su primera función, en 1890, fue gestando una historia memorable jalonada por nombres célebres como los de los cantantes Tito Schipa, Beniamino Gigli, Luisa Tetrazzini, Mario del Monaco y Marian Anderson; los compositores Pietro Mascagni dirigiendo su ópera “Iris”, y Richard Strauss al frente de la Filarmónica de Viena en calidad de directores; orquestas prestigiosas como la Filarmónica de Viena, la Orquesta de Cámara de Zurich y la de Munich; los pianistas Alexander Brailovsky, Arthur Rubinstein, Claudio Arrau y Friedrich Gulda, y, más recientemente, Alicia de Larrocha, Gyorgy Cziffra y Silvia Kersenbaum, así como los violinistas Yehudi Menuhin, Alberto Lysy y Uto Ughi.

Pero el Argentino brilló también por la danza, con glorias como las célebres Ana Pavlova y Alicia Alonso; la memorable Dore Hoyer, que hizo escuela en el Argentino, donde asimismo surgieron Oscar Araiz e Iris Scaccheri.

Nombres consagrados en épocas más recientes son los de Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Iñaki Urlezaga, Eleonora Cassano, Raquel Rossetti, Silvia Bazilis, Cecilia Kerche y Raúl Candal, que hicieron de la sala asiento de su arte. Pues todos ellos tuvieron relación laboral con Pachi Servidio.

PERDIDAS INCALCULABLES

"Las pérdidas fueron incalculables -retoma Pachi, cuyo trabajo en la regencia de escenario iba desde estar en cada detalle de la puesta en escena hasta el trato con los propios artistas-, recuerdo que me ataron con una soga y me hicieron llegar de esa forma hasta el lugar donde había un piano que pudimos rescatar desde lugares que habían quedado casi inaccesibles. Ahora quedan pocas cosas en pie de aquel suceso trágico, pero sí está la virgen que no fue alcanzada por las llamas".

Tuvieron que pasar nada menos que 22 años para que en 1999 se reinagurará todavía no terminado el nuevo Teatro Argentino, mientras tanto los artistas llevaban sus obras por distintos lugares sin tener la sede propia que costó mucho reconstruir.

Pachi dice que el oficio que deja después de 44 años requiere de mucha observación porque "estar en los detalles del escenario es tener que improvisar todo el tiempo, no existe un manual para sobrellevar ciertas situaciones, como por ejemplo una que me tocó vivir en el Auditorium de Mar del Plata cuando el telón sólo abrió por la mitad y en cuestión de minutos tuvimos que resolver para que la función siga adelante, apagamos las luces ese día y pudimos hacer como magia" -sonríe-

Casi toda una vida al servicio del Teatro Argentino. Eso es lo que deja Pachi ahora que disfrutará de su jubilación. Por eso no se anima a agradecer con nombres y apellidos porque "quedaría mal con muchos", expresa, y para terminar dice emocionado: "Mi corazón siempre va a estar en este verdadero gigante de la cultura que hay que cuidar, lo tienen que cuidar los gobernantes pero también los empleados y todos aquellos que de alguna u otra forma tienen algo que ver para que pueda funcionar como corresponde. La Plata se merece al Teatro Argentino en todo sus esplendor", concluye. 

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