domingo 22 de septiembre de 2019 - Edición Nº551
Editor Platense » La Región » 17 ago 2019

DRONE TERRESTRE

Villa Catela: el "miedo" le gana a la comodidad de tener todos los servicios funcionando muy bien

Volvimos a reccorrer Villa Catela tras un año de la primera incursión del Drone Terrestre y si bien los servicios mejoraron y se ve un barrio en donde el Estado está muy presente, el miedo de sus vecinos vuelve a ganar la batalla


Por:
Mauricio Alejandro Bustos Crespi

Recorrer las calles de Villa Catela permite entender claramente por qué Mario Secco arrasa en las urnas elección tras elección. La presencia del Estado en las calles “peligrosas” (según sus propios vecinos) es casi total. Los trabajadores municipales están haciendo sus tareas casi en forma permanente, el concreto de sus calles está perfecto hasta frente a las viviendas más  humildes, las arterias están iluminadas, los distintos estamentos de seguridad lo recorren en forma sistemática, es raro que se acumule basura en las esquinas, y una larga lista de etcéteras. Pero, siempre hay un pero… sus habitantes viven con miedo… y en eso, al parecer, es poco lo que el intendente de Ensenada puede accionar.

Hace un año atrás, justamente, El Editor Platense recorrió esta zona del municipio ensenadense con su “Drone Terrestre”, así como bautizaron oportunamente los usuarios de este portal digital a la forma de hacer periodismo recorriendo la calle en bicicleta para dejar plasmada las distintas realidades de los barrios de la región.

En aquella oportunidad, uno de sus vecinos, de la zona de 123 y 37, habló con este medio y dejó sentada su preocupación por la situación social que atravesaban sus habitantes, y el miedo que le generaba la “caída del sol” y el accionar de los pibes de la “villa del fondo”, como llamaba a sus pares que vivían más allá de la calle 126 para el lado del río.

Tras estos doce meses, volvimos a esta barriada, hablamos con un vecino de la calle 125 y 34, y su discurso fue prácticamente idéntico. El problema es cuando llega la oscuridad y “las almas en pena ganan la calle”.

La droga y el robo ocasional están a la orden del día, y si bien los vecinos dicen entender la situación de marginalidad en que viven algunos muchachos por la falta de trabajo, nada les quita el temor y la necesidad de no salir de sus casas pasadas las seis o siete de la tarde.

Este miedo es el que no se puede reflejar justamente en las imágenes, aunque si se percibe en los rostros de los habitantes de Villa Catela.

En la recorrida por sus calles se muestra lo que a cualquier platense (incluso los que viven en el casco urbano) podría darle envidia: se comprueba que funcionan bien los servicios brindados por el Estado.

De todas formas, las imágenes son concretas, y deja entender que más allá de la 126, lo que gana terreno es la economía informal, y que seguramente la mayoría de sus habitantes no viven de la forma que les gustaría hacerlo, por más que el asfalto haya dejado atrás los tiempos del barro, la calles estén iluminadas, el basurero pase todos los días, un ejército de barrenderos limpien sus calles y los móviles municipales estén dando vuelta constantemente por la zona. El problema es estructural, el problema es la falta de un trabajo formal, el problema es que más allá de que Secco se esfuerce en mantenerlos dentro del sistema, la sociedad los aparta, los eyecta, y ya no es sencillo accionar ante esta situación.

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