martes 12 de noviembre de 2019 - Edición Nº602
Editor Platense » Política y Economía » 12 ago 2019

OPINIÓN

Los argentinos votaron con el bolsillo dado vuelta y se olvidaron del discurso de la corrupción


Por:
Alejandro Salamone

"La única verdad es la realidad", lo decía Juan Domingo Perón. Tarifas de servicios impagables para el común de la gente; inflación galopante; el kilo de morrones a $250 pesos en la mayoría de las verdulerías; planes de ahorro de autos que se volvieron una pesadilla para quienes confiaron en poder pagarlos; créditos UVA que se fueron por las nubes; un kilo de asado $250 pesos; mil pesos que se van de las manos como agua; angustia mucha angustia de miles y miles de trabajadores que no llegan a fin de mes ni siquiera privándose de lo más básico y elemental que es la comida en la mesa.  Por eso no soprende el resultado de esta elección ni lo que dijo un victorioso Alberto Fernández: "Una vez más llegaremos para arreglar los problemas que otros generaron", haciendo clara alusión a lo que puede el personismo unido, invencible en casos como el que vive hoy nuestro País.

¿Qué dudas hay de que la gente fue a votar con el bolsillo dado vuelta, seco? y que se olvidó del discurso de la corrupción y de "la chorra" o "los chorros", de las ya incontables causas iniciadas contra Cristina Fernández de Kirchner. Cuando la economía estaba bien, cuando no "picaba el bagre" como se dice vulgarmente al hambre, todo eso fue el caballito de batalla de Cambiemos utilizado para llegar al poder, con la complicadad, claro, de medios periodísticos hegemónicos y periodistas que anoche se mostraban sorprendidos pero que ya no hablaron tanto de corrupción sino que se dieron cuenta que la gente no puede pagar las boletas de luz o gas, y mucho menos cambiar la heladera de su casa o irse de vacaciones.

El discurso triunfal de Alberto Fernández fue brillante, despojado de todo tipo de confrontación, de odio, de bronca contra los contrincantes en la elección, pero sí les advirtió que deben "despertarse" para evitar una debacle mayor.

Los tiempos se acortan, falta menos para octubre pero, lo que es mejor, para diciembre, cuando el País espera el verdadero Cambio, y ahora sí no se podrá fallar, pues el pueblo se merece otro gobierno con sensibilidad social.

 

 

 

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