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Axel Kicillof y su Diario de Yrigoyen

Foto: Julián Martínez

Que los medios de comunicación y los gobiernos están en constante tensión no es novedad para ningún argentino; la discusión por la Ley de Medios tuvo un efecto pedagógico en nuestra sociedad. Esta tensión latente suele tomar protagonismo cuando un periodista realiza preguntas incómodas, como cuando reflota una problemática o polémica de la cual el político no quiere hablar.

Este mes de julio El Editor Platense fue testigo de los silbidos al gobernador Axel Kicillof en el acto de Jura de Fidelidad a la Bandera del Servicio Penitenciario en el Estadio Único, cuya difusión generó molestias en una funcionaria de Provincia, llevando a comunicarse de manera privada con el periodista que captó el momento, planteando la queja por publicar el material.

 

Pasaron los días y el Gobernador se presentó en la Inauguración del Jardín de Infantes N°991, en Lisandro Olmos, junto a la diputada Victoria Tolosa Paz y el intendente Julio Garro. Nuestro periodista le pidió a Kicillof una reflexión sobre los silbidos y la demora en el comienzo del acto, y él sin esquivar la pregunta contestó que problemas de agenda lo retrasaron, ofreciendo disculpas a las familias por las molestias generadas. Pudo terminar ahí, pero esta pregunta generó malestar en los funcionarios que secundaban al mandatario.

Uno de estos funcionarios molestos se encargó de preguntar el nombre, apellido y lugar de trabajo del periodista, así como el nombre del director del medio a nuestros trabajadores, que no supieron qué hacer más que responder, ya que las investiduras gubernamentales en estas situaciones ejercen una presión mayor. Estas preguntas siempre son luces de alarma para los colegas de esta profesión; hacen sentir cómo el aparato estatal “te ficha”, trayendo problemas futuros para el ejercicio de la profesión, como pueden ser la negativa al acceso a información, entrevistas, credenciales, entre otras.

“Ah, sos el de la pregunta. Me pareció muy desubicado hacerla, no era el momento”, fue una de las frases que el ofuscado burócrata esgrimió, a lo que nuestro periodista pidió disculpas instintivamente sin darse cuenta que sólo realizaba su trabajo y el desubicado era el funcionario.

La pregunta que se me viene a la cabeza para el ladero de Kicillof es ¿entonces cuándo es el momento? El Gobernador no se caracteriza por darle espacio a la prensa en el día a día, mucho menos por brindar entrevistas o al menos realizar conferencias de prensa. Si esta fue su primera aparición en nuestra ciudad tras los silbidos en el Estadio Único, ¿no era el momento? Comprendo de todos modos que el timing no es una cualidad por la que se destaque hoy el oficialismo. 

La tensión entre gobierno y medios de comunicación se vive entre bambalinas, y emerge a la vista de todos cuando funcionarios deciden o consideran una buena idea enviar un mensaje o preguntar los nombres de los periodistas que se encuentran trabajando, preguntando lo que consideran noticiable e importante para la ciudadanía. 

El periodista selecciona información para sus lectores según sus intereses, según lo que consume y quiere saber, similar a lo que debería hacer un funcionario público, que es trabajar para las personas, llevar adelante políticas públicas relevantes para la ciudadanía, que mejoren su calidad de vida.

El gobierno de la provincia de Buenos Aires pasó de tener la mejor comunicación del país a molestarse por las preguntas y el registro que toman dos periodistas de El Editor Platense (ambiguo mérito el nuestro, ¿verdad?).

¿Cuál es el trabajo de la comunicación gubernamental? ¿Qué objetivo tiene el funcionario público cuando ingresa en “prensa” de algún ejecutivo? ¿Control de la Opinión Pública? ¿Comunicar a la ciudadanía el trabajo realizado por parte del aparato estatal? ¿Construir un relato para la comunidad?

¿Estará en conocimiento el gobernador Axel Kicillof que sus funcionarios buscan tener un “Diario de Yrigoyen” bonaerense?

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