sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº151
Editor Platense » La Plata » 2 ago 2018

Cumple 65 años la Optica Bermúdez y su dueño Joaquín, de 95, ayuda a ver a la gente con lentes de primera pero también con un ejemplo de vida admirable

Uno de los negocios tradicionales de la Ciudad festeja su gran trayectoria al servicio de los platenses


Por:
ALEJANDRO SALAMONE

Joaquín Jorge Bermúdez tiene 95 años y trabaja desde los 8. Nada más ni nada menos que 87 años de esfuerzo y sacrificio para este hombre que hoy es el dueño de una de las ópticas más grandes y tradicionales de la Ciudad: la Optica Bermúdez -ubicada en avenida 7 entre 54 y 55- que el 4 de agosto cumple nada menos que 65 años de vida

Qué no hizo Don Joaquín para ganarse la vida hasta antes de abrir su óptica en 1953 en diagonal 74 entre 10 y 11.

Nacido en "9 de Julio" -provincia de Buenos Aires-, hijo de Manuel Antonio (trabajaba en una imprenta y escribía artículos periodísticos) y Josefa Acosta (ama de casa), un humilde matrimonio que tuvo además otros cuatro hijos, Joaquín vendió duraznos y diarios, también ataba y cuidaba caballos de carruajes, arregló gomas de los primeros autos, fue cadete de una farmacia, y hasta llegó a limpiar techos de casas cuando en 1933 una "lluvia de cenizas" sorprendió a su pueblo natal.

Joaquín le contó a este periodista de el editor platense que hizo absolutamente de todo para ganarse la vida ya que su padre estaba enfermo y él empezó a descubrir el mundo del trabajo desde una edad muy temprana. Y entre tantas cosas que hizo hubo una profesion que despertó en él una gran pasión, la que se necesita para prosperar y progresar en cualquier orden de la vida. Esa actividad fue la óptica.

UNA HISTORIA DE SACRIFICIO, ESFUERZO Y PERSEVERANCIA

Lo de Joaquín es admirable. Uno lo ve a sus 95 años y tiene el mismo entusiamos de siempre. La forma de atender de este hombre a sus clientes es digno de observar e imitar, pues si todos los comercios platenses tuvieran el mismo nivel de atención que la Optica Bermúdez, pues estaríamos hablando de una ciudad ejemplo a nivel comercial en el ámbito mundial. 

En los tres pisos del negocio de avenida 7 que siempre se fue aggiornando a las necesidades de cada época, trabajan unas 50 personas entre profesionales y administrativos    -hay sectores especializados en lentes de contactos, audiología, prótesis oculares y salón de ventas, entre otros-, Don Joaquín recuerda y cuenta con lujo de detalle cada paso hasta convertirse en la gran empresa que es actualmente la Optica Bermúdez.

A La Plata llegó a los 13 años acompañado por uno de sus hermanos y su madre. Se vino en el ferrocarril provincial y corría el año 1936. "Mamá que estaba llena de amor y ternura cosía y vendíamos las bombachas de campo en 49 y diagonal 80 a gente que llegaba desde Magdalena. Papá se quedó en 9 de Julio por su enfermedad, todo era cuesta arriba", contó Joaquín a este cronista.

Y continúa con su relato: "Terminé el sexto grado en la escuela de 13 y 42 y enseguida entré a trabajar en un almacen donde repartía mercadería, luego en una farmacia hasta que a los 14 me tomaron en la óptica Lutz Ferrando de 7 entre 48 y 49, donde estuve hasta los 21. Me acuerdo que mi primer sueldo me pagaron 2 pesos; en realidad cobraba 30 pero me entregaron una bicicleta para que me traslade que valía 28 pesos".

Los dueños de Lutz Ferrando jamás imaginaron que estaban frente a frente con quien unos años más adelante se iba a convertir en uno de sus principales competidores en la Ciudad. Sin embargo, faltaba bastante tiempo para eso.

En su afán por aprender y progresar sin perder damasiado tiempo, Joaquín Bermúdez iba los sábados al Tiro Federal de Berisso. Es que en la época en la que le tocó el servicio militar obligatorio, estaba en vigencia una ley mediante la cual quienes rendían condiciones de tiro hacían solamente tres meses de conscripción. "En Lutz Ferrando me ofrecí para quedarme después de horario de trabajo, limpiar las máquinas y de paso aprender la profesión, pero no me dejaron. Entonces me propuse otras metas".

UNA NUEVA ETAPA

Bermúdez se fue a trabajar a Buenos Aires con un amigo que había abierto una óptica. Para no viajar todos los días alquiló una especie de pensión: "fue en el año 44 -recordó-, estaba al lado de un gallinero, era un conventillo donde guardaban cosas viejas. Yo tenía un calentador a querosene y mi única cena durante varios años fue tomar un poco de leche con chocolate. Ayudé mucho a este hombre pero la realidad es que no me alcanzaba lo que me pagaba. Otro óptico de la zona de Pompeya me ofreció más plata y me fui para allá".

Desde el punto de vista económico a Joaquín no le iba muy bien en esos años. Pero fue afortunado en el amor. Pues en Pompeya conoció a Lidia Alcalde, con quien tuvo cinco hijos, Daniel (óptico), Mónica, Silvia (fonoaudióloga), Andrea (periodista) y Javier (veterinario).

Joaquín no solo logró dar el examen de óptico que por reglamento se tomó en Salud Pública de la Provincia en el año 1949, sino que además se recibió en la Escuela Otto Krause de Capital Federal. Allí conoció a dos estudiantes precursores en lentes de contactos, con ellos trabajó hasta que le ofrecieron ser su representante en Perú donde todavía no se conocía ese tipo de lentes. Pero Joaquín prefirió quedarse en Argentina.

En 1953 alquiló y abrió un 4 de agosto la Optica Bermúdez. Cuenta que el primer día como no tenía vitrinas ni estantes para exhibir su mercadería, forró con papel rojo un cajón de manzanas. Desde entonces no paró de crecer, las lentes de contactos y las tareas para calibrar anteojos fueron un éxito en la Ciudad. A los cinco años amplió ese local y ya tenía que dar números para atender a la gente porque no daba abasto.

En 1976 adquirió el actual inmueble de calle 7 y en 1981 lo inauguró. Hoy lo recorre con el mismo entusiasmo de siempre. Y se enorgullece en recordar que fue uno de los precursores en poner una puerta que abre sola y atender a la gente sentada, porque dice que así el cliente está cómodo y siente que escuchan y se preocupan por sus problemas. "Lo de la sucursal que abrimos en la peatonal de Quilmes hace 25 años, si les parece lo cuento otro día", concluyó Joaquín.

Nota del redactor: Tuve la suerte de hacerle una nota a este maravilloso hombre en el año 2011 cuando su óptica cumplía 88 años. Desde ese momento lo sentí mi amigo y cada palabra de su historia me sirvieron de consejo, para crecer en mi profesión de periodísta. Joaquín Bermúdez es un ejemplo de vida en todo sentido. La pasó mal como muchos, fue emprendedor, se sobrepuso a sus momentos difíciles y no sólo sostuvo una empresa modelo durante 65 años, sino que a sus 95 años sigue como siempre, para adelante, con entusiasmo, con proyectos, con ilusiones y siempre atendiendo a la gente como se debe, con respeto y haciéndola sentir lo más importante. Joaquín ayuda a ver con anteojos y lentes de primera calidad, pero también ayuda a ver con el ejemplo que imparte y su alma noble.

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