sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº151
Editor Platense » La Plata » 1 ago 2018

Hugo Tomba, mucho más que un zapatero Tolosano

Recorré con el “Drone Terrestre” las calles de Tolosa y entérate de quién es Hugo Tomba y aprendé a quererlo como lo quieren todos sus vecinos.


Por:
Mauricio Bustos

En sus recorridas por los barrios, el Editor Platense siempre se topa con vecinos que son mucho más que simples vecinos. Y no por ser doctores, abogados, políticos o docentes. Lo son porque el propio barrio así lo siente, así se lo hace saber…

Y es el caso de Hugo Tomba, “Huguito” para todos los vecinos que viven en la Tolosa del otro lado de las vías, la de la 117 con rambla, la del club Tolosano. Es que Hugo es un tipo sin maldad, hoy, ayer y desde hace mucho tiempo.

En su barrio todos lo conocen, todos saben de su eterna zapatería, o Talller de calzado, como él mismo siempre lo hizo llamar. Hasta los más pibes no ignoran que ese hombre que hoy carga setenta y pico años sobre sus espaldas, siempre fue un luchador por los derechos de cada uno de sus vecinos y nunca dejó de darle una mano a quien lo necesitara.

“Hugo es un amigo, pero sobre todo es un maestro de vida” dice un vecino que todavía no carga tantos años como él, pero peina su experiencia con orgullo.

Entrar al Taller de Hugo es encontrarse con viejas máquinas, cosas amontonadas, retazos de cuero, suela, y un sinfín de materiales que recicla su amada sobrina, entre lo que se encuentran dos esculturas muy queridas por Tomba: un pescador (que dice fue su inspirador) y la que representa la imagen de la Pachamama.

Pero Hugo, por sobre todo, tiene sus tesoros. Los guarda en una vitrina que tiene en el acceso a su taller ubicado en la calle 528 entre 116 y 117. Y en ella, junto con la foto de Gardel, la suya como joven zapatero, y muchos recuerdos más, atesora una foto antigua de quien fuera su gran amigo y compañero de militancia: Enrique Rusconi, un nombre que marcó a fuego e indignación al barrio y a quien se lo recuerda día a día con un mural pintado frente a la que fue su casa, en la calle 116 entre 528 bis y 529.

Es que como bien recuerda Huguito, el 7 de diciembre de 1974, a las 5:30 de la mañana, un Ford Falcon gris, con seis personas adentro, se detuvo cerca de la casa de Enrique. Entraron a la casa por el fondo y rompieron a patadas la puerta. Armados con itakas y pistolas 45 lo esposaron y lo sacaron para llevárselo. Él forcejeó y gritó: "¡Ustedes no son policías! ¡Si me van matar, me van a matar acá carajo!"

Y entonces, frente a su compañera y a sus dos pequeñas hijas, una banda golpista lo acribilló, lo asesinó en momentos en que Enrique, junto al Comité Zonal del PCR, encabezaba en La Plata la denuncia del golpe de estado que se preparaba en nuestro país.

Y Hugo cargó con semejante dolor, pero no se escondió. Siempre se mostró para sus vecinos. Todos sabían que podían y pueden contar con él. Pero basta de palabras, en esta recorrida por las calles tolosanas el “Drone Terrestre” esta vez se metió en la intimidad de sus vecinos para conocerlos de otra forma. Veamos que nos cuenta Huguito de sus días, sus recuerdos y su lucha diaria por no dejar de aprender.

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